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Para las personas que, de verdad, no saben concederse un minuto.

Proyecto 365 x4


Foto cuádruple el 19-02-2010 a las 12:05
Cargado originalmente por Trashgul
Comienzo mi proyecto 365 x4, no es mi mejor momento porque los resfriados constantes me están dejando sin energía, pero precisamente por eso puede ser el momento!!
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Licencia para matar III

Forfi era de color gris. Y había sido un regalo de mi Angelito de la guarda.



Su línea era juvenil, dinámica, era realmente un compañero de carretera fiel que me llevó a recorrer media España, poseía un buen bollo bajo el capó, debido, según el dueño anterior, a un atropello de un perro (que debía ser como un miura) pero que no le afectaba para nada en su desarrollo como máquina de correr. Y he dicho máquina de correr por no decir máquina de volar. A los cien kilómetros por hora, Forfi tenía lo que yo llamaba 'los temblorcicos de la muerte', pasando los ciento veinte, se deslizaba como un bólido sin alteración alguna. Y consumía una insignificancia. Era realmente un coche capaz de dar las satisfacciones que cualquier conductor nobel esperaría, y con los problemas justos que todos evitaríamos. Forfi, como era de imaginar, se trataba de un Ford Fiesta del 95. Verdaderamente una joya de la automoción.



Y allí estaba, aparcado en la puerta de casa, mirándome con sus faros tristes, preguntándose cuándo llegaría el día en el que ambos compartiríamos todos esos momentos juntos. Y yo me hice la misma pregunta. Y decidí que el día había llegado, que ya eran suficientes las clases y las horas de formación y que era más que capaz de conducir mi maquina de volar. Así que entré en Forfi, giré la llave y escuché el ronroneo de su motor. Bien, vivo en un lugar frío por antonomasia, en las altas cumbres como Heidi.


He tenido diferentes coches, todos con más o menos capacidad de denominarse buenos coches, pero ninguno, ninguno, ha tenido esa chispa de velocidad que tuvo Forfi, podía estar todo nevado, Forfi arrancaba a la primera y lo que es más, salía disparado como una flecha, y ese día, que era muy soleado pero frío, no estuvo a la zaga. Salió a escape dirigido por mí, que aún no tenía ningún tipo de documento que me acreditara con la capacidad de conducir máquina alguna, que no fuera una bici y con cuidado. Pero yo me lancé calle abajo, y cuando digo calle abajo es así, una cuesta muy empinada, que yo enfrenté como me habían enseñado a conducir, pisando el embrague, y Forfi se desbocó. Recuerdo que en ese momento yo no lo conducía, él, al accionamiento del pedal de embrague, tomó vida propia y se embaló en un descenso vertiginoso hacia una cuesta de pendiente muy considerable, que contenía en su dirección una curva cerrada a la derecha, una señora paseaba tranquilamente en el ascenso al Aconcagua, y vio como un coche de color gris plateado se le venía encima sin compasión. La recuerdo abrazándose a una reja de una ventana y elevando los pies en un intento desesperado de volar o trepar en la verticalidad de la fachada de la casa a la que yo parecía irme sin remisión. Le grite: 'perdoneeeeeee, lo sientooooooooo!!!' y con un giro de volante seguí mi descenso imparable con Forfi como conductor oficial, porque yo aquella bestia no la manejaba.
Cuando llegamos al final de la cuesta, volví a hacerme con él, simplemente dejando de pisar el embrague. Avancé por la calle y me recoloqué en mi asiento, respiré y miré hacia delante. A la derecha la furgoneta de correos, a la izquierda la oficina postal, con una acera minúscula, que es una decoración, de dos palmos de ancha, observé con determinación: 'Sí, por ahí cabemos, todo lo más que debamos subir a la acera'.
Y allá fui!!. Avanzando con decisión, resueltamente, sin duda, con arrojo, coraje, audacia… Jo… por aquí no quepo!! Y allí estaba yo, con una furgoneta a la derecha y a la izquierda un edificio. Y con un problema, porque no sabía usar el coche en todas sus facetas, como por ejemplo, la faceta, casi sin uso, de marchar hacia atrás!.
Pero no había muchas alternativas, realmente ninguna. Así que me dediqué a hacer lo que me parecía más acertado, pedí socorro por la ventanilla: 'Socorro!!... alguien me puede ayudar?', pero nadie acudía a mi rescate, pensé en abrir la puerta, imposible, ambas bloqueadas, ah! Pues salgo por el maletero… pero cómo se abre desde dentro?... uff, qué hago?. Bien, sólo quedaba algo más que hacer. Cerré los ojos, apoyé con fuerza las manos en el volante, avancé despacio mientras esperaba escuchar un chirrido insoportable de la chapa destrozándose contra la pared, o contra la furgoneta de correos, ya me imaginaba la situación, perdón, fue sin querer. Es que, bueno, estoy aprendiendo, carné, ehh, aun no tengo, pero eso es importante?, ah! Que sí, vaya, que contrariedad!. Y entonces abrí los ojos, y allí estaba, más allá de ese sitio infernal, había pasado, había atravesado ese estrecho. Estaba libre!!Así que corrí y corrí, y me sumergí en caminos de cabras, en bosques perdidos a los que era la primera vez en mi vida que accedía en mi propio vehículo, a montes y montañas, a mis sitios privados y secretos que me hicieron, indefectiblemente, elegir este sitio para vivir, porque son simplemente mágicos, y yo los recorría ahora en mi propio coche, en mi Forfi que avanzaba tan feliz como yo.

Llegué muy lejos, mucho más, estuve conduciendo una hora y media, y descubrí que aquello me gustaba, que era algo que me hacía libre, más aún de lo que ya soy. Lo peor fue el regreso. Porque en mi huída hacia delante fue también hacia abajo, descendiendo cuestas que pasaron inadvertidas para mí, pero ahí seguían a la vuelta!! Y ahora eran hacia arriba!! Me remito a un par de post anteriores donde una persona preguntaba si una cuesta ascendente es para arriba o para abajo) estas eran TODAS para arriba!! Y Forfi como una burra vieja se iba para atrás!, y vaya, qué desastre! Si la ida fue de hora y media, el regreso superó con creces las dos horas, porque no había manera, además, sudaba como un pollo en agosto (mencionaré que era diciembre) y que me dolían los pies y las manos de la tensión.
Jó, al final no me iba a gustar eso de conducir!!

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Rememberes: Licencia para matar II

Con la teoría aprobada volví yo a casa una fría mañana de diciembre de hace ya demasiado tiempo. Y me explicaron que podría empezar a hacer las clases prácticas al día siguiente. Dado que en ese momento no tenía ninguna ocupación laboral ni seria, ni en broma, acepté la propuesta y dije que sí, que me incorporaría a la siguiente clase.


El protocolo a seguir era este: yo me desplazaba a patita desde mi casa hasta el bar del pueblo, un coche de la autoescuela nos recogía y nos llevaba a otro pueblo que dista unos sesenta kilómetros y allí hacíamos las prácticas… por qué allí?, pues porque allí es donde nos examinarían, tratándose de un municipio más importante, en él se realizaban y se realizan, las gestiones más importantes, hospitales, carneses, haciendas y cosas de esas, papeleo que lo llaman. Yo de paso, conocía un pueblo más, que para todos mis compañeros de volante era muy popular y para mí era absolutamente nuevo. Pero eso lo supo mi profesora cuando nos dijo, pues los exámenes empiezan en 'Las Vegas' y ya por donde le parezca al examinador. Y yo puse cara de berenjena preguntándome: hasta Nevada (USA) hay que ir?... y ella me dijo: no eres de aquí, no?, no.
Mis compañeras de conducción eran tres señoras con una edad proporcional a su peso, es decir, mayores y gorditas. La velocidad punta alcanzada con la más atrevida fue de 70 km a la hora. La velocidad media de crucero iba sobre los 50 km por hora. Entonces llegó mi turno. Sabes conducir?, pero qué pregunta es esa!!, no, por eso estoy aquí, mi profesora, me miro como diciendo aquí se impone una colleja: no, lo que quiero decir es si has conducido alguna vez, si sabes meter las marchas, que son esos pedales, cómo funciona básicamente un coche. Ah! Eso… no, no, nada de nada, yo ni siquiera sabía que había más de un pedal ahí abajo. Vale, mejor, sin vicios y a cero.
Me explicó, todo, cada una de las cosas extrañas y casi mágicas que el coche guardaba en esas entrañas interiores y me detalló el sorprendente movimiento de esa palanca, la de la caja de cambios. Y ahora arranca y vamos, sigue los pasos que te he explicado. El primer arranque fue nulo, tuvo lugar el típico salto de caballo desbocado del motor al intentar soltar demasiado deprisa el embrague, calado que lo llaman finamente. El segundo intento tampoco fue muy bueno, pero a la tercera, como mandan los cánones aquello, que creo que era un Renault Clio, se puso en marcha, las señoras mayores aplaudieron, SIII!! Qué sensación, qué hormigueo en todas partes, esto lo llevo yo!! Dios mío, saltemos por las ventanillas!!.
Circulé por una vía de servicio, me indicó mi querida profesora que metiera la segunda marcha, y tercera y acelerara y de repente estaba en eso que se llama autovía y cuarta y quinta!!! Y yo sólo pensaba que hasta ahí podría llegar, porque no recordaba la forma inversa de las marchas y que en cualquier momento tendría que decirlo, pero fue mi profesora la que habló: 'A esta no le va a dar miedo correr', cuánta razón en esas palabras sabias tenía ella y sin saberlo.
Me cambiaron de compas de conducción porque mi horario fue modificado y mis nuevos compas eran dos chicos de mi edad, que ya llevaban un montón de clases más que yo, pero que parecía pacientes conmigo. De todos modos yo iba avanzando con mis clases y las frases de mi profesora pasaron a otras, como: 'levanta el pie del acelerador que se te ha dormido', o 'nos hemos dejado 10 euros de goma en ese aceleroncillo que has dado' y luego estaba la prueba de fuego en la que caí varias veces, iba conduciendo y con una carpeta muy hábil me tapaba el espejo interior y me preguntaba: 'de qué color es el coche de atrás', 'blanco' contestaba yo, con la probabilidad de mi parte, porque siempre eran blancos, pero no, si había coche era rojo, o negro. 'tienes que mirar los espejos', 'si los he mirado', rayos catódicos de los ojos de mi profesora… sonrisa apaciguadora por mi parte.
Conducir consistía en adquirir movimientos reflejos, con manos, pies y vista, era combinar la destreza y habilidad con la agudeza de los sentidos. Era controlar luces, sonidos, giros, presiones, velocidad, precisión y minuciosidad… y además los espejos!!.
Pero tras siete clases dije que me quería examinar, mi profesora me obligó a dar una clase más, lo hice, pero decidí que ya era inexorable, que quería tener mi carnét de conducir, mi licencia para dirigir vehículos a motor.
Bien, pues la semana que viene, el jueves. Aun falta una semana para eso!!. Pues tendrás que ser paciente, puedes dar clases mientras. No, no, esperaré.
Cuando regresé a mi casa, en la puerta aparcado, esperando el momento , ese gran momento, estaba Forfi.


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Rememberes: Licencia para matar I

Cuando decidí vivir en el pueblo que me cobija, no conocía yo las dificultades que entrañaba la vida rural, entre otras la carencia más absoluta de medios de transporte públicos.


Había un autobús que recogía a los gélidos paisanos a las cinco de la mañana, perdón, preguntó el mochuelo en ese momento… esa hora existe?, sí, sí que existe y ya están las calles puestas. Y luego estaba la dificultad añadida de decantarse por los medios de desplazamiento limpios y sanos, la bicicleta, pero no estoy aun por jugarme la vida, ascendiendo unas cuestas con desniveles de doscientos metros en seis kilómetros, que bajo como el rayo, pero subir… para los valientes. Así que tampoco. Y el mochuelo volvió a preguntar… entonces, cómo lo hacéis? Pues autostop!, vengo de la urbanidad más extrema. De las selvas de semáforos y las alfombras de asfalto, se me dibujó una especie de mueca en la cara… están locos estos velezanos. Así que volví a preguntar… pero cómo se hace para diario? Ah! Te tienes que sacar el carnét de conducir. Pues nada, a la autoescuela, y volando, por favor.
Mi primera clase de ese desconocido mundo de la conducción se me presentaba muy interesante, con mis libros que olían a nuevo y rodeada de personas con las que tendría una oportunidad de aprender, hacer amigos e internarme en los desafíos del volante, de los complejos algoritmos de guiar y pilotar un vehículo!!, entonces alguien levantó la mano, oh! Una pregunta!! Qué interesante!!, a ver maestra, cuesta ascendente, es p'arriba o p'abajo?? Y en ese justo momento, en ese justamente decidí que no iría a más clases.
Me compré un dvd para el ordenador con muchos test y videos y me metí en mi casa, con mi pc cochambre, uno que monté a partir de un ataque de cabezonería, pero esa es otra historia que será contada en otro momento. Me sentaba con el convencimiento de que aprendería y aquello sería muy interesante y divertido y al poco me daba ganas de comer, de ver la tele, de leer a Nietzsche y de retomar la idea de desplazarme en bici. Y el tedio me poseía. Aquello me resultaba completamente absurdo!, no había lógica, ni razonamientos cabales, era un castigo infernal y sin sentido. Pero tenía que hacerlo, era necesario, así que después de respirar hondo y dejar de poner los ojos en blanco volvía a la pesadilla narcotizante de la teoría de la conducción. A las dos semanas volví a la autoescuela: hola, que quiero examinarme, pero, perdone, usted no tiene matrícula aquí, sí, sí que tengo, ah! Pues es verdad, como no ha venido a clase… sabe que puede suspender si va a hacer la lotería, no?, sí, ya. Sabe que sería bueno venir a clase, sí, sí… puede apuntarme para el próximo examen??, claro, claro, como quiera. Y fui. La gente estaba allí con esa risilla nerviosa, porque hacía un frío del carajo y porque íbamos al patíbulo. Me enfrenté a mi examen, la idea con la que yo me había planteado dicha prueba era la siguiente: lees las preguntas, luego en una segunda lectura las contestas, y exactamente así lo hice. Las leí y las contesté del tirón, ni segunda lectura ni tonterías, y cuando acabé levanté la cabeza para descubrir que nadie había entregado nada aún. La velocidad me pierde… y entonces estuve contando las vocales de mi nombre, luego las vocales con acento de la primera línea de texto, luego conté las 'jotas' y las comparé con el número de 'bes', y luego dejé de hacer el pato y decidí entregar el examen aun a riesgo de que alguien me dijera que no podía hasta que alguien más lo hiciera. Pero no me dijeron nada.
A la salida la gente decía números, yo estaba con la convicción de que se trataba de esa gente que se examinaba de camión, con fíjate tú que montón de preguntas!!, y no… eran los números de los test. No hablé con nadie, no conocía a nadie y me apoyé en una esquina a dejar pasar el tiempo de espera de no sé qué extraña cosa, hasta que apareciera el señor de la autoescuela y me devolviera a mi casa. Y el señor se hizo de rogar, pero apareció. Y traía una nota en sus manos, y la gente que había venido conmigo en el coche se arremolinó a su lado, éramos cuatro. Todos suspensos dijo, menos mochuelin, una chica dijo algo así como: no es justo, ya es la tercera vez que vengo y he ido a clase todos los días. Pero el señor le dijo que había que estudiar más y preguntar todas las dudas que se tuvieran y que no se preocupara que lo conseguiría al final. Y que yo podría ahora pasar a la parte práctica y me imagine en un videojuego en el que había superado la prueba de matar al supermalo malísimo y ya estaba en ese nuevo nivel desconocido y por supuesto mucho más edificante.
Cuando llegué a casa cogí un hilo de pescar y colgué el dvd de los test en la terraza, al sol, que sufriera las inclemencias del día y la noche y pagara con sus ralladuras y decoloraciones cada uno de los minutos que me había hecho sufrir!!


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El imborrable archivo de 0 bytes

Windows es uno de los Sistemas Operativos que uso, también Linux, y Mac Os X. De todos ellos el que más quebraderos de cabeza me da y por ende más retos, es el del señor Gates. Como ocurrió con el archivo de 0 bytes.


En cuestión de un par de horas por mi ordenador pueden pasar decenas de archivos, entran salen, unos van aquí otros allí, así ocurre, al final de uno de esos ataques de trabajo acabo quedándome con el resultado y borrando esos archivos provisionales de los que me he nutrido para lograr lo que en inicio me propuse. Uno de los archivos, que eliminé hace unos días, era un simple documento de Word, con extensión doc. Aquella noche, al volver a trabajar con mi equipo, que tiene el Sistema Operativo Windows 7, observé que en el escritorio había un archivo sin icono conocido con extensión doc.


Cuando quise borrarlo obtuve el mensaje: 'No se pudo encontrar este elemento'. Y a continuación 'Este elemento ya no esté ubicado en C:\xxx. Compruebe la ubicación e inténtelo de nuevo'.
Y no había manera.
El archivo en cuestión no se estaba bloqueando por encontrarse en uso por el propio Sistema Operativo, no, por lo que las soluciones de Unlocker no parecían ser fiables, de todos modos descargué ese software, que es gratuito y muy recomendable para esos mensajes del sistema en los que no es posible eliminar un archivo porque se encuentra en uso. Como esperaba Unlocker no funcionó, tampoco lo hizo LockHunter, del mismo estilo que el anterior programa.
Había que empezar a pasar a la artillería pesada: Mi adorada y querida línea de comandos que nunca me ha dejado en la estacada. NUNCA.



Arrancar el Sistema Operativo en modo seguro requiere pulsar la tecla F8 en el inicio, este arranque seguro debe realizarse en modo símbolo de sistema, para llegar a la pantalla negra con texto blanco que tanto repelús parece darle al público en general. Una vez ahí te sitúas con 'cd..' hasta el lugar donde se encuentre tu archivo y después con el comando 'del "nombre del archivo para borrar"'y enter.
Pero la respuesta fue: 'No se puede encontrar el archivo especificado'
Perfecto mochuelo, se te cierra otra puerta, jijiji.
La asquerosa y guarra línea de comandos también me abandonaba, pasa a la lista de graves afrentas de informática muy destacables.
Y ahí estaba yo, con un archivo de 0 bytes, de extensión doc, en mi escritorio, en la desesperación más absoluta y sin magia ya para conseguir desterrarlo de ahí!!! sólo se me ocurrió obviarlo, ponerlo debajo del gadget del reloj!!, como cuando hay una mancha enorme en el sofá y la tapas debajo de un cojín, pero ese maldito archivo en blanco seguía ahí, mirándome… no habia manera y ya no podía más!!
Tenía que lograr eliminarlo, y me lo planteé como un reto.

Estaba claro que se trataba de una especie de caja vacía con un nombre, no había nada dentro de esa caja, el propio SO (Sistema Operativo) no lo reconocía como algo que existiera, por lo que debía llenar esa caja para darle al menos un byte que permitiera hacer el archivo existente. Con Windows no podía lograrlo, al menos no con las herramientas normales del propio sistema. Habría que buscar una aplicación de terceros que me facilitara acceder a ese fichero, lo reconociera, le diera capacidad y lo pudiera hacer visible para el SO. Y esa herramienta vino a mi memoria, se llama Total Commander.
Se trata de un software shareware, que creo que lo empecé a usar desde hace años, allá con Win 3.1, lo que pasa es que después de mucho tiempo ya estaba descartado porque sus funciones las he venido supliendo con el explorador del propio SO o con cualquier otra cosa.
Una vez que en el interface del Total Commander apareció mi querido archivo con 0 bytes le hice un cambio de atributos, le puse que fuera de tipo A, es decir fichero, posteriormenet lo asocié con el Word, y voilá. En el escritorio apareció con el conocido icono de la W.

Entonces con un botón derecho y eliminar, ocupó su lugar en la papelera, y sayonara, baby, como debía ser.



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Sueños de la infancia

Cuando yo calzaba mis tiernos 12 o 13 años, sólo quería tres cosas muy importantes para mí: 1)tener gafas, 2)romperme un brazo o una pierna y llevar escayola y 3)tener aparato de ortodoncia.


Por supuesto ninguna de estas circunstancias atravesaron mi vida en ese momento, y yo envidiaba a cada una de mis compañeras que llevaban gafas y las guardaban en un estuche fabuloso para hacer educación física, o lucían una escayola maravillosa sobre la que había estampados miles de garabatos abstractos, muestra del más avezado Picasso, aquellas notas de 'ponte bien pronto', esos corazones de bic rojo punta gorda o de los edit negros, qué pasada!!... y luego estaban esos hierritos de los dientes, esas cosas abrazando cada dientecito, como si fueran pequeños insectos metálicos que daban ese toque exótico, la curiosidad que me provocaba cada vez que se reían y yo quería saber más y más de esa cosa que llamábamos aparato.

Primero llegaron las gafas, pero un momento, cuándo tenias 12 años??, no, no, que va, llegaron a los dieciocho, y por casualidad, en una de esas clases que te saltas en primero de carrera, nos fuimos de compras (o a 'golisquear' que sale más barato) al Hipercor, y en la puerta un grupo de señores y señoras con bata nos dicen que si nos queremos hacer una prueba óptica, 'oye, pues claro, todo lo que sea perder el tiempo soberanamente y sin coste alguno'.
Y hete aquí que me dicen que tengo menos agudeza visual que un boquerón.. Frito.
'Pero cómo?? Pretende usted que lea la segunda línea??', 'no, pretendo que leas la última'. Bochornoso momento de inventarte lo que pone en esos palitos confusos y borrosísimos, porque no ponen refranes ahí?, podrías descifrar el principio y así poder acabar la frase y no quedar tan mal, no, debe poner efe, ene, jota y la ese que no es nunca la ese que s un ocho, y cuando estás seguro de que es ocho, pues no, es la ese... cachislamarrrr... 'Deberías usar gafas'. Haremos el pedido a las altas esferas, es decir a la marma.
'Marma, necesito gafas'
Hubo un poco de cara de: 'estodelasgafaslodicesenserio?', pero mi querida marma corroboró mi decadente carencia de agudeza y me instalaron las gafas encima de la nariz una noche de otoño, tras un largo rato de deliberación con el modelo, diferimos en gustos, diferimos en casi todo.
Y salí al mundo exterior.
Y aluciné.
Recuerdo que mi primera sensación fue de extrañeza, resulta que era de noche, y yo descubrí que podía leer todos los rótulos luminosos, TODOS. Sabéis, yo es que pensaba que esos rótulos estaban de adorno, así para dar colores a la ciudad, iluminando, pero que nadie los leía, que todos sabíamos que el bar 'Los Ángeles' estaba allí pero que en realidad NADIE leía jamás los rótulos, al menos de noche. Y no, se leían perfectísimamente, tanto que me pasé el camino de vuelta a casa con la boca abierta leyendo todos los rótulos de sitios que conozco de memoria.
La segunda sorpresa fue que podía identificar las señales de conducir, vale, alguno dirá que cómo cogía la moto si no veía??, pues yo obtuve mi certificado médico de manera legal y sin chanchullos, pagando la correspondiente cantidad solicitada, como todo el mundo, y ahí iba yo, como un topo conduciendo un vehículo. Pero también estaba en la convicción de que NADIE veía las señales hasta que estaban encima, pero encima es que las tocabas si estirabas el brazo. Y no, mira mochuelo, el mundo no es como tú crees que es.
La tercera sorpresa llegó en clase. Lo que se escribía en la pizarra se veía!, no era un tiempo muerto para que yo mirara por la ventana, ni era necesario copiar de mis compas. Aquello se podía leer.
Después de las gafas, y cómo de todo se cansa uno en esta vida, me pasé a las maravillosas lentillas, pero esa historia será contada en otra ocasión.

El aparato de ortodoncia vino tres años después, con 12 años?? No, cambia el orden, con 21. Puedo resumir el aparato de ortodoncia con una definición que os dejará una clara idea de lo que supone: la ortodoncia y sus aparatitos son un invento de la Inquisición.
De los inventos más macabros y sutiles que no una mente perversa cualquiera puede inventar, no, sólo las mejores de las peores. Con el estupendo aparato de ortodoncia perdí más kilos que con un mes de dieta a base de agua y limón, porque dejé de comer, de reír, de hablar y de realizar cualquier movimiento que implicara una leve muesca bucal. NADA.
Recuerdo con claridad diáfana como en la sala de espera del señor Menéndez (el médico) yo veía a niños, muchos, niños de esos de 12 años, enanos pequeñísimos, mascar chicle!! Con todos los brackets, esos hierros dolorosísimos para mí y ellos con el chicle, el dolor gratuito y aquello me desquiciaba aún más, si yo no podía ni beber agua!!, y ya me petrifiqué el día que una mamá le daba un bocadillo de jamón a un chico en la consulta y le insistía en que debía lavarse los dientes antes de entrar, sí, he dicho jamón. Yo siempre entraba con la misma cantinela: 'quítame esto ya!', 'no, aun no, abre, cierra, ... aprieta... pero aprieta más.. Humm, aun no', 'cuanto falta?', 'un poco', 'un poco es un mes?', 'hummm... no, un poco es un poco más'.
El poco fueron dos años, curiosa manera de contar el tiempo la de Mario, mi ortodoncista, en ese poco tuve que quitarme cuatro muelas, conocer todas las variedades de cera, todos los grosores de hierros de sujeción, todos los colores de gomas inimaginables y esos elásticos maravillosos que iban de arriba a abajo, que bostezabas y se rompían dándote un gomazo de órdago y cagándote un rato en cosas y personas que ahora no nombraré. La ortodoncia, una experiencia única, hablaremos de ello en otra ocasión, puede ser muy enriquecedor.

La escayola llegó hace sólo un par de años, cuando las tres décadas ya se han posado en mí. Voy yo con unas chancletas, en un lugar rellenado de piedras sueltas, para una ocasión de fiesta medieval y me doblo el tobillo oyendo un 'crack' muy desagradable.
El dolor.
Recuerdo el dolor en su extensión plena y auténtica.
Las lágrimas me corrieron por la cara como dos ríos, me arrastré al primer lugar apropiado, un sillón de masaje de un stand de la feria de muestras que estaba junto a mi posición, lo alcancé dando saltos como un gorrión.
Una vez que el mareo me dejó respirar con normalidad de nuevo, me dirigí a mis ocupaciones normales, pero no podía, algo iba mal en mi tobillo, lo miré así de soslayo y nada parecía diferente y yo tenía muchas cosas de las que ocuparme. De todos modos pretendí seguir mi ritmo normal. Pero al coger el coche noté algo extraño, el pedal del embrague no iba bien!!, pero un momento, lo que no iba bien era mi pie. Me fui al centro de salud, en primera, porque no podía cambiar de marcha, a pata coja llegué hasta la puerta del médico, le expliqué, tobillo, se dobló, nada serio... al tumbarme en la camilla y colocar los dos pies juntos (yo, alma de cántaro, no se me había ocurrido hacer esta compleja prueba comparativa) caigo en la cuenta de que el izquierdo tiene un grosor levemente mayor que el derecho (levemente es que no se distinguía lo que denominamos pie propiamente dicho de lo que podríamos llamar tobillo), y el tobillo o esa parte amorfa,es recorrida por una tira morada como un lazo. Esguince con rotura de ligamentos, claro mochu, ya que haces algo, lo haces bien, tú nunca a medias tintas. Venda, escayola, escayola de nuevo y rehabilitación, total: 54 días de baja, unos bíceps que ríete de Stallone y una 'mala follá' a espuertas cada vez que en mi camino se cruzaba un escalón, un tranco, una cuesta y en general casi en cada momento de esos días, pido disculpas sinceras, entenderme, no era yo, me habia poseído un alien con forma de escayola, por cierto no la pinté, la odiaba tanto que ni la miraba...

Haciendo un análisis objetivo, me pregunto qué vería de interesante en estos tres hechos a la edad de 13 años, edad en la que ya empezaban a pigmentarse mis gónadas, qué cosa mágica escondían para mí estos tres incidentes, por no decir accidentes, que me hacían desear poderosamente que me ocurrieran. Lo curioso es que el otro día, por casualidad, alguien me comentó que a esta edad, deseaba tener gafas... y entonces descubrí, con MUCHO alivio que esto le pasaba otros también!! Suspiré, respiré y me tuve que reír, si es que no somos normales, nadie nadie!!




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Cuando apareció la encoder strip

Tengo varias impresoras, como todos los mortales, algunas de ellas, una para ser exactos, de tinta, mi querida Canon con sistema ininterrumpido de tinta (Continous Ink Suply System).


El destino quiso que hace unos días no consiguiera imprimir con la calidad que suele hacerlo, de hecho manchaba el papel con unas tiras azules nada deseables. Abrí la tapa de la impresora, metí la nariz y comencé a mirar para descubrir que los rodillos se habían manchado como si ellos también tuvieran como misión imprimir en azul!.
Procedí a retirar los cartuchos y hacer una limpieza a fondo de todo, en eso estaba, ocupándome de cada rincón, de cada pequeña mancha, de todo ese interior plastificado, cuando en mis manos cayó, sin saber ni de dónde, una tira, sí, una tira de plástico flexible transparente con un orificio en cada extremo. Uno de ellos con un diminuto muelle enganchado a este agujero, en el otro extremo se podía apreciar una escala dibujada con unas líneas que medían espacios menores que un milímetro. La tira no estaba rota, era simplemente una pieza que yo no sabía como había ido a parar a mis dedos, cómo había caído sin más de alguna parte desconocida. Miré como pude el interior de la impresora, traté de determinar de dónde podía provenir tal cosa. Ni idea, la verdad. Entonces pensé que ese trocito de plástico no debería ser muy importante, sólo una pieza más, que lo mismo no se usaba mucho, o quizá nada. Así que mandé una impresión de prueba, y entonces el carro se desbocó como alma que lleva el diablo y comenzó a golpearse a cada lado con la intención manifiesta de salirse de allí!! Me metí debajo de la mesa, lo confieso, porque el ruido era atronador, golpes y chirridos y además gotas de tinta despedidas por todo el entorno (inclúyase la inmaculada pared color crema de mi despacho). Debajo de la mesa tiré del enchufe (única manera de parar el engendro infernal) y me quedé pensando que esa tira debía ser una pieza un poco más importante de lo que en principio pensé.

Primero debía identificarla con un nombre, tira transparente de la impresora no me iba a ayudar para descubrir cómo colocarla, comencé una intensa búsqueda de imágenes por Google, poniendo "tira"+"impresora" y en la primera página apareció algo muuuy cercano a lo que yo tenía en la mano, que entonces supe que se llamaba: encoder strip.

A partir de ese momento sólo me quedó averiguar cuál era la función y propiedades secretas de dicho artefacto, que se vendía suelto para algunos modelos de impresoras, sobre todo plotters. Pues la función es la de orientar a los cabezales para que sepan el punto exacto donde deben empezar la impresión, por eso tiene esa escala pintada, los cabezales ruedan sobre la encoder strip y se posicionan perfectamente en el principio o el final de la línea de impresión. Una vez averiguada la función quedaba saber dónde demonios iba colocada. Necesitaba un despiece de la Canon Pixma 1700, pero no encontré nada de nada, todo lo más algunos modelos antiguos de Pixma que me orientaron sobre donde debería empezar a desmontar. Si alguien está especialmente interesado puedo mandarle unas instrucciones específicas, adelanto que desmonté el extremo delantero izquierdo, dejando acceso para meter la tira y valiéndome de unas pinzas pude colocarla en unos soportes metálicos que me imaginé, valían para eso. Uno de ellos enganchaba la encoder strip directamente, el otro, el de la izquierda, lo hacía con el muelle. Hay que tener en cuenta que si esta tira no está perfectamente vertical, el cabezal no la leerá bien, con lo cual se volverá tarumba y te tienes que meter debajo de la mesa. Otra cosa MUY IMPORTANTE es que no debemos manchar la tira y por nada del mundo en el extremo de la escala, dejará de funcionar y... tendremos que meternos debajo de la mesa.
Reconozco que colocar la encoder strip requiere de paciencia, calma y buen pulso, también de cierta valentía porque vas a ciegas, dado que no hay información para modelos actuales sobre este accesorio. Pero sin él no podremos imprimir, cosa que ya he vuelto a hacer sin problema alguno... y sin tener que meterme debajo de la mesa!!!


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Rememberes: el crucifijo maldito

Cuando te educas en un colegio de curas o de monjas, te pueden pasar sólo dos cosas, que la fe cristiana te impregne hasta la médula, o que seas el ser más ateo de la galaxia conocida y desconocida. Estoy en el segundo grupo, y creo que tiene mucho que ver lo que aquel día aconteció


Sí, aquel día era un típico día de primavera invernal, gris, frío y húmedo, porque llovía. Odio que llueva, sobre todo si tienes 10 años, y por esa trivialidad (acaso no es una trivialidad que caiga el agua a cantaros?) ya no puedas salir al recreo. Puedes ir a la biblioteca, oh!! qué divertidooo!!, al patio cubierto (un espacio muy pequeño, donde no te dejan correr), o quedarte en clase, estudiando. Un grupo de alumnas muy aplicado le pidieron permiso a la seño, la seño Julia, para que nos quedáramos, estudiando; por supuesto, mi cara traviesa estaba allí entre las peticionarias, si lo hubiera pedido yo, la respuesta sería rotunda, cristalina: NO!, tú cerca de mí que no te pierda de vista.
Pero no era el caso, supe refugiarme en el anonimato de la masa de niñas buenas.
Nos vigiló un momento, no más de dos minutos, estuvimos estudiando, al menos yo agaché la cabeza sobre mis libros e interpreté un ratito, nos comíamos el bocadillo a la vez, allí cada cabecita ocupada en sus cosas. Al fin se fue, dejando claro en su partida que:
-No corráis, ni juguéis en clase, podéis hablar, pero cada una en su sitio, entendido?
-Sí seño.
Claro que sí, pensé yo, hasta que te vayas por esa puerta!!
Así que en cuanto salió hice mi propuesta:
-Jugamos a la pelota?
-Qué dices??... que nos van a castigar- Verónica siempre tan optimista
-No!! No tiene porqué enterarse- aposté yo, mientras me levantaba y me estiraba, sentándome en la mesa.
-Además no tenemos pelota.
-Yo sí.
De mi mochila saqué una pelota de goma, dura, era de color rojo oscuro, y era esponjosa, pero contundente, como esas de jugar a las palas en la playa.
Nos levantamos como centellas de nuestros asientos, fuimos al único sitio despejado del aula, delante de todas las mesas, entre la pared donde estaba la pizarra y la primera fila de mesas. Después de discutir un rato empezamos a jugar a algo, uno, equis, dos… o puede que fuera el quema. No recuerdo muy bien. Seguramente era algo que nos hacia gritar, correr y saltar, exactamente lo que no debíamos estar haciendo. Y yo aseguro que era parte muy activa de todo eso. Porque yo siempre era el alma indómita de todo, especialmente de lo que no se debía estar haciendo. No recuerdo si fueron dos minutos o diez los que pasamos tirando la pelota sobre nuestras cabezas. Lo que sí recuerdo fue como en una de las jugadas, ejecutada por Celeste, una chica delgadita, morena y tímida, la pelota efectuaba un movimiento parabólico y golpeaba encima de la pizarra, exactamente en el crucifijo que en medio se mantenía colgado y vigilaba con su presencia toda el aula. El señor en la cruz cayó en toda su extensión, descendió (de los 'cielos') y golpeó el suelo, haciéndose trizas.
Nos paralizamos, pegadas a las mesas, a la pared, absolutamente congeladas, hubo un momento de parada de tiempo, de detención absoluta de cualquier movimiento, pasmo generalizado y los ojos sin parpadear en una eterna decena de segundos.
De repente reaccioné rápidamente, fui corriendo hasta la cruz que yacía en el suelo, y evalué los daños. La cruz estaba perfectamente, el cuerpo era una figurita de algún tipo de cerámica, lo que era el torso, la cabeza y los brazos estaban impecables, pero bajando la mirada descubrías las piernas y los pies, cruzados. Las piernas no existían, eran dos alambritos pelados, en los que minutos antes había una capa de trabajo alfarero, que hacía que aquello pareciera un ser en la cruz, ahora parecía una especie de títere de patas de hilo, al final solo dos muñones que se cruzaban dejando una imagen muy patética de lo que es un reflejo que representaba un movimiento religioso, Jesús en la Cruz. Una calamidad. Miré la cara de la figura, era muy triste y ensangrentada, con mucho temor, creo que no se alejaba de las caras que lo observaban pavorosas. Un desastre.
Pero no. No os equivoquéis, el verdadero desastre se desató cuando Mª Jesús gritó, mejor dicho, chilló en un alarido cargado de pánico:
-Oh Dios mío!! Hemos dañado el crucifijo, nos caerá una maldición a todas, tenemos que ponernos a rezar alrededor de la biblia, vamos, deprisa!!
Un movimiento casi sincronizado y la biblia apareció de repente del armario de las cosas de la clase. Un momento de urgencia desenfrenada, de inmediatez desaforada.
Y ahí tienes a siete niñas que minutos antes estaban riendo y jugando como locas, arrodilladas alrededor de la mesa de la profesora, coronada por una biblia cerrada. Y yo mirando aquel circo, absolutamente alucinada.
-Pero por qué no rezas???!!- gritó Encarnita- te va a caer a ti la maldición, a ti sola!!
-Tenemos que colgar la cruz. Dejaos de rezar
-NO!- de nuevo Mª Jesús- mi abuela me dijo que hay que rezar padre nuestros, por lo menos cien, sino la maldición nos llevará al infierno a todas!!
Y con una mirada que mezclaba el miedo con la furia me ignoraron y empezaron a rezar sin parar en voz alta como locas.
-Sois tontas!!
-Padrenuestroqueestásenloscielossantificadoseatunombre… seguid, no le hagáis caso!!
Cogí una mesa, la arrastré debajo de la pizarra y empinándome sobre ella colgué la cruz, de un salto me separé, desde abajo no se notaba mucho, estaba un poco torcida
-Elpannuestrodecadadíadanoslehoyperdonanosnuestrasdeud…
Vuelta a subir, la enderecé, de nuevo abajo, inspección, no quedaba mal. Limpié la mesa con las mangas del jersey del uniforme, la puse de nuevo en su sitio, la cantinela seguía de fondo. Busqué los fragmentos de lo que fueron las piernas de Dios Nuestro Señor, y los lancé por la ventana, ocupándome de todos y cada uno de ellos, busqué también la pelota y la guardé en la mochila, cada vez que pasaba por su lado se escuchaban murmullos entre la oración 'te va a caer una maldición', 'esto no es una broma!!' y yo me reía de medio lado, diciendo, que sí, que sí y canturreando el padre nuestro a mi manera, burlonamente, claro. Tocó el timbre. El resto de clase regresó junto con la seño Julia, la vida volvió a su normalidad.

…

…

…

Fueron varios días, puede que diez, una semana tal vez, el tiempo había mejorado mucho, dejó de llover, de hecho esa mañana no llovía, el tiempo era radiante, la primavera dejaba ya de ser húmeda para ser más veraniega y sonreírme cada vez más. Cómo tenía que ser. Cuando entrábamos en clase se repetía el ritual de cada día, te ponías de pie y mirando a la pizarra rezábamos a la cruz, sí, a la cruz que seguía allí colgada desde que yo la dejé. Estábamos en medio de la oración, era una oración a la Virgen. De repente la seño Julia se quedó en silencio, mirando a la cruz:
-Pero… buenooooo… Qué le ha pasado al crucifijo?
Se fue como un águila a la figurilla, arrastró una silla, subió a ella y en un momento tuvo la cruz en sus manos, todas seguíamos de pie, sin decir ni una palabra, algunas miraban al suelo, al techo, otras simplemente estaban tan anonadadas como la seño… Yo trataba de ausentarme del sitio, no estar allí para no revelar en mi cara nada que me delatara como parte implicada en aquello.
La seño Julia analizó el crucifijo, lo miró detenidamente, entonces lo puso delante de ella, como un sacerdote en un exorcismo y formuló la pregunta clave:
-Quién ha sido, quién lo ha roto?
Hubo un silencio absoluto.
-he preguntado que quién ha sido?!!-ahora sí que gritó, por si habia algún problema de audición que determinaba la ausencia de respuesta.
Se mascaba la tensión y yo creo que el corazón me había subido a las orejas, por el calor y el ruido que escuchaba.
-Ha sido Eli.
Abrí los ojos de par en par, giré la cabeza, la boca también abierta, miré a Mª Jesús:
-ESO ES MENTIRA!!
-Seño ha sido Eli, y fue con su pelota.-seguía insistiendo mientras que con un dedo acusador me apuntaba, Encarnita de fondo asentía, también Celeste.
-Cuándo pasó Mª Jesús?
-el día que llovía y nos quedamos en clase
-ESO ES MENTIRA!! YO NO FUI
-Eli: Una semana sin recreo, aquí está prohibido jugar con la pelota, que me vas a entregar porque queda confiscada.
-Pero es que yo no fui!!- grité mientras sacaba de mala gana la bola de la mochila y se la arrojaba a la seño- Joder, yo no fui!!
-No es esa manera de contestar! Dos semanas!! Y silencio ya o te pongo un parte de conducta, a tu sitio!!.
Pero no fui a mi sitio. Yo fui a por Mª Jesús, que se retiró un par de pasos hacia su silla, tratando de alejarse de mí:
-Yo no rompí el crucifijo, yo no fui, acuérdate! mentirosa embuster...!!
Iba a soltarle un guantazo, lo juro, pero la seño fue más rápida, me cogió por el brazo.
-De pie al rincón, venga!!.
Me dió un par de cachetes fuertes mientras me mandaba de cara a la pared, (antes las cosas eran así, pero yo no me noto trauma, de verdad).
Y allí estuve una hora, lo mismo fueron diez minutos, pero lo recuerdo como una hora, luego pasé sin recreo una semana, y la mitad de la otra, tampoco tuve manualidades el viernes por la tarde, estuve aparte haciendo ejercicios de sociales. En los recreos estaba siempre en compañía de la seño que me hacia copiar y copiar, hacer operaciones y problemas, estar sin recreo no consistía en que te comías el bocadillo en clase mientras tus amigas chillaban y reían en el patio, no, no, no. Era más divertido, mucho más!!.
Me levantó el castigo cuando le prometí que me portaría bien y que no volvería a replicar y que no mataría a Mª Jesús, de verdad, que no la mataría. Y pedí perdón.Y supliqué clemencia.
Al final aprendí.
Aprendí que hay que hacer caso. Lo aprendí al menos por unos días, tres, no más.
Pero también aprendí que te cae una maldición si rompes un crucifijo y no rezas, te caen dos semanas sin recreo, un viernes sin manualidades… y toda una vida ya de agnosticismo absoluto.

Quiero dejar claro dos cosas: una es que a mi seño Julia la guardo en mi memoria con veneración absoluta, yo soy una perla caribeña en cuanto a travesuras se refiere, digo soy porque eso no se cura. Fue paciente, amable y dura cuando correspondía, me educó, me enseñó y me hizo ser persona, cosa que llevaré conmigo siempre. Ah, la segunda cosa, a Mª Jesús le perdoné la vida, pero le lancé el borrador cargado de polvo de tiza sobre el suéter azul marino en cuanto tuve ocasión… Sí, lo hice. Y esta vez no supo de donde le vino. Posiblemente le cayó una maldición.


;P
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Retomamos con un exámen

Son sólo quince preguntas, podéis responder si os animáis, aquí van.


1. Desde la Torre inclinada de Pisa, lanzamos una canica de arcilla y una bola de bolos de metal maciza. ¿Cúal de las dos llegará antes al suelo?
2. ¿Qué país fabrica los sombreros de Panamá?
3. ¿Cuánto tiempo se tarda en cocer un huevo duro?
4. ¿Cuántos meses tienen treinta días?
5. ¿De qué están hechos los pinceles de pelo de camello?
6. ¿De qué animal procede el nombre de las Islas Canarias?
7. Un granjero tiene 17 borregos, y mueren todos menos 9. ¿Cuántos borregos le quedan?
8. ¿Cúal es el nombre que recibe el sonido que emiten las girafas, balido o relincho?
9. ¿De dónde provienen las grosellas chinas?
10. ¿Cúal fue la duración de la última Guerra de los Treinta Años?
11. Un hombre viaja en su coche por la ruta a 152 km/h. De pronto ve una vaca en el medio del camino. Efectúa una maniobra y dobla con su coche unos 90º a la derecha.
¿Cuál es la rueda que gira menos?
12. Si un tranvía viaja de norte a sur a 60 Km/hora y el viento sopla de sur a norte a 30 Km/hora, ¿hacia dónde sale el humo de la chimenea?
13. ¿Cuánta tierra hay en un hoyo de 1m. x 1m. x 1m.?
14. Divide 30 entre 1/2 y súmale 10. ¿Cuál es el resultado?
15. ¿Cuántos sellos de dos céntimos de euro hay en una docena?
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;P
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