Sí, llevo lentillas, de vez en cuando, y como todo lo que pasa por mi, debe superar mis momentos torperiles de infinito nivel.Fueron muchas las experiencias con lentillas que tuve y que no descarto seguir teniendo. Recuerdo que había un sistema de limpieza consistente en tres pocillos, pocillo con líquido ácido, otro con una acidez inferior y el último, un aclarador, el orden era fácil y sencillo, el sistema realmente simple. Pero a las siete de la mañana, cuando todo se mueve en la ingravidez de las sensaciones, yo invertía el orden del sistema y pasaba la lentilla del aclarante, al medio más ácido y luego al más corrosivo y de ahí a mi ojo. Y gritaba retorciéndome de dolor.

Son muchas las veces que me he dormido con las lentillas puestas y a la mañana siguiente he amanecido viendo en perfectas condiciones, pero con los ojos como los vampiros.
Otras he olvidado los líquidos de limpieza, he dejado, toda una noche, las lentillas en agua, en el vasito del baño del hotel, a la mañana siguiente la colocación ha sido una de las experiencias más dolorosas de mi vida.
En otro momento las lentillas se quedaron sin líquido y se convirtieron en dos patatas fritas tiesas. Una rehidratación posterior salvó a una de ellas, la otra fue despedida con un solo de cisterna en el váter.

Jamás he limpiado una lentilla en la boca, como he visto hacer a miles de personas, y he sufrido la sensación de tener un rayador de pan encima del ojo disfrutando del desierto y con toda la arena del mismo pegada a mis dos tapas de alcantarilla.
He llegado a perder una lentilla en la cocina del piso de estudiantes de unos colegas en un ataque de risa descomunal y en una batida de búsqueda hemos encontrado todo tipo de escamas de pescado, plásticos, restos orgánicos e inorgánicos, de aquí y de otros planetas y la lentilla apareció pegada en mi jersey como un pin. Nuevo ataque de risa.
He abusado de las lentillas como todo aquel que lleva, digan lo que digan, y por eso, en una de ellas apareció un hongo, era más bien una seta, consistente en una protuberancia rojiza que me raspaba el ojo cada vez que lo cerraba. Consecuencia: una úlcera en el ojo, resultado: un año sin usar lentillas.
Ahora me las pongo de vez en cuando, hasta que vuelvo a abusar de ellas, y las llevo, no ocho horas como recomiendan, sino veintiocho, es entonces cuando se convierten en dos tachuelas transparentes.
No puedo negar que son uno de los grandes inventos que tengo, y que recomendaré a todo el mundo su uso, otra cosa es el nivel de patosería que puedan llegar a tener, en mi caso es altísimo, a pesar de todo, se puede. Demostrado, mañana me las pongo, hasta más ver.





Es que nadie puede entender la dificultad que implica este protocolo tan complejo de colocarte dos redondelitos de condón transparentes en mis propios ojos que no conocen otra cosa que no sean gafas??










