viernes, 30 de enero de 2009

el anhelo del monofiodonte... o el miedo visceral al dentista

Hay tres mentiras inevitables en la vida de las personas,

una es que todo el mundo ve los documentales de la dos, mentira, otra es que al acabar una relación se continúa con la amistad, ese famoso 'quedamos como amigos', mentira, y luego está la más miserable y cochinilla de todas, que una vez al año vas al dentista. Ja y ja! Al dentista vas cuando te duele algo y ya es inevitable ese acercamiento al patíbulo...
    Y siempre piensas en los tiburones, esos animalillos que pierden un diente y les ha salido ya otro, y otro, y otro... y no habrá dentistas para tiburones, que son polifiodontes (les salen dientes durante toda su vida), porque ganarían menos que el cosechador de perejil... y tú con tu condición de monofiodonte (dientes de leche y dientes definitivos y vas que cortas el aire) interiorizas tu pena y haces de tripas corazón y de corazón pañuelo de lágrimas donde recoger algo de coraje si es que de eso has tenido alguna vez.

    El ascenso al Gólgota lo haces convencido por un dolor insufrible y con el temblor de piernas inevitable, vas con la aseveración certera de que no será nada y que todas las miles de páginas que google te ha largado a la cara son fábulas hiperbólicas del personal histérico... y oye, te convences.
    Y ya estás allí en la sala de espera, con esa música que se mezcla con el sonido del torno... mejor anular el sentido del oído, pero no puedes,!! si alguien tiene un interruptor para eso que me diga donde está??, entonces piensas, pues leo, una de esas revistas que hay en las consultas del dentista, revistas arrugadas muy usadas, muchos y variados títulos: espacios de interior... el único espacio de interior que vas a ver es esa consulta!!, o lees viajar, revista interesantísima, pero si el viaje más próximo va a ser ese torno en tu muela!!, y ya coges la Muy interesante que tiene un artículo 'muy interesante' sobre control del dolor!!, agggggggg!, y no puedes leer NADA de NADA, los dentistas pueden poner revistas en suomi que la gente las arrugará igual y hará como que las lee de la misma forma, pero otra mentira más, nadie puede leer en el dentista, es humanamente imposible, no te concentras; entonces descubres que hay una tele, una tele!! y te pones a mirarla, pero con el torno, el hilo musical, el temblor en las manos, el resecamiento de la boca y la revista sobre tus rodillas... no, tampoco se puede.
    Así que señores dentistas, eliminen el hilo musical, el repertorio de revistas y la tv que no valen para nada!!! y ya sólo te queda estar allí respirando lentamente y pensando en la lógica siguiente: si me llaman ya, pues empezamos y acabamos, pero si no me llaman pues más tiempo para evitar el encuentro con el pánico.
    Y se te queda la cara rara pensando, es mejor que me llamen ya o que no me llamen??, claro que tampoco es que puedas pensar con lucidez, es lo que tiene soltar litros de adrenalina sentado en la sala de espera... así que te quedas pensando que lo mejor es que la auxiliar llegara y te dijera, '¡Ah, vaya! se nos ha pasado darle cita hoy, mejor venga mañana, o dentro de diez años!, le damos algo mágico para el dolor de administración indolora y usted a descansar a su casita' todo esto sonriendo de oreja a oreja, con luces azul celestial y pétalos de rosa cayendo por todas partes, pero nada comparable con el sonrisón que se te ha dibujado a tí y el chisporroteo que te hacen los ojos.
    Pero no, no, no, nooo, la señorita llega con esa sonrisa, la misma, pero con un fulgor en los ojos, una mirada entre maliciosa y divertida para decirte, 'pase, es su turno'... y caminas por el pasillo, se aproxima el olor ese raro a la pituitaria que viene de los productos extraños, pócimas y elixires del gurú sacamuelas que probará en tí en pocos minutos,.... y te sudan las manos y te tiembla el párpado y piensas en atrincherarte en el baño, con la siguiente propuesta de negociación: o me ponéis un helicoptero o atranco el water con papel higiénico, sí, tengo rehenes, el secamanos y el espejo...
    Pero sigues el camino y lo ves.
    El sillón del dentista.

    Y te sientas allí, porque si no te sientas te desmayas, y oye es mejor que te pille sentadito. Y ahora viene otro gran momento, la pregunta del señor dentista, '¿qué te pasa?', pues la respuesta sería: nada que pasaba por aquí, con unas ganas de verle impresionantes, un ánimo inevitable de mostrarle los dientes, un deseo incontenible y anhelado de tumbarme en este sillón, y por supuesto! para cumplir con la revisión anual!!, te da la risa, claro porque la respuesta es: Me duele. La muela. Mucho.
   Cinco palabras que te abrirán la puerta inefable del miedo, el espacio infinito del dolor, el tunel oscuro del pánico.
   Abre la boca.
   Y los labios se aprietan un poco, en un encuentro 'desencontrado' de sensaciones, porque si la cierras lo mismo no pasa nada pero hay que abrirla, hay que mostrar el puntito sensible que te ha arrastrado hasta allí, hay que apechugar con lo que venga y recoger el valor perdido, dos gramos en ese momento concreto y rebuscando mucho... Y hay tantos 'hayques' que sólo te queda pensar en ¡ay, ¿que hago aqui?!
  Entonces en esa reflexión tuya el señor dentista ha aprovechado para disfrazarse, así, en un momento, se medio gira y se pone de carnaval!! con gorrito, guantes, gafas y mascarilla, la mascarilla es muy importante por dos cosas, para que no veas como se ríe de tí y para que te cueste aun más entender lo que te dice.
  Porque lo siguiente es que el dentista te mete un cacharro en la boca, metálico, helado, una especie de cuchara rara o una aguja de ganchillo como la de tu abuela, y va al punto crítico y te encoges, pero él te habla, te habla, te habla y te habla... los dentistas esperan que les contestes?, señores dentistas, esperan que les contestemos? no podemos por tres razones, 1)no sabes la respuesta a sus preguntas, hilo de seda y no se qué de periodontitis, 2)no puedes pensar por lo que no puedes hablar, y lo que es peor, 3) no te salen las palabras del cuerpo del pánico que te llena. Ah! y un detalle sin importancia, sus dedos y sus cacharros de la inquisición, (porque todo el material de un dentista se inventó para y por la inquisición, incluído el sillón que ha sufrido leves modificaciones desde el modelo original llamado sillón de tortura), está en tu boca.
   Entonces te dice: tienes que hacerte una limpieza y aprender a usar el hilodentblablablablablaantibioticosblablaanalgésicosblablablaquitartelamueladeljuicioblablabla... y tú no escuchas nada de nada, pero de una manera clara, cristalina, concisa y específica te llega: 'quitarte la muela del juicio' y el tiempo se para, el corazón también se te para y no aprietas la mandíbula aplastando la cacharra esa metálica porque la sujeta con sus dedos y lo mismo luego tienes que indemnizarle por amputación involuntaria.
     Empiezas la semana siguiente, y que pase un buen día.
sacarlamueladeljuicio.
sacarlamueladeljuicio.
sacarlamueladeljuicio.

    No dices ni adiós.
    Y sales arrastrando el alma, mirando a la nada y con la boca aún abierta, y te diriges a la chica que te hizo pasar, pides cita como un zombie, con la mirada que sigue perdida, el corazón desbocado y solo ves delante de tus ojos al señor dentista con una tenaza enorme y un jeringazo en la otra mano... mientras resuena: sacar la muela del juicio, sacar la muela del juicio en plan voz gutural en una cueva negra y profunda...
   Y te dan la cita apuntada en un papel porque no eres capaz de retener nada de lo que te hablan, es por eso por lo que los dentistas te lo apuntan todo, y el estupor sólo es interrumpido cuando te dicen:'... en efectivo o tarjeta?'.
   Pero donde estoy?
   En la muela del juicio..Ah! no, que pagues.
   Y pagas y te vas corriendo porque tienes que ver en Google todo lo que se diga de tan importantísima operación, cuántos cánceres genera y cuantas vidas ha cercenado, porque tú pones en google los síntomas de un resfriado y te salen 3 millones de resultados de cáncer y claro, está muy bien en previsión de prepararte el cuerpo para lo que ha de venir...
;P

3 cosas dichas:

Ms. Go
30 de enero de 2009, 7:15

jajaja.
Y sé que me rio porque todavía no he de experimentar ese sufrimientou.u Hoy por hoy vivo sin miedo al dentista y no voy por el simple hecho de la flojera. Pero dios! Cuando lo lei desee detner el tiempo en mi boca para nunca llegar a tener la posibilidad de padecer eso!

mochuELIn
30 de enero de 2009, 8:30

qué alegría. Pues siento decirte que tendrás que ir algún día, con o sin flojera, mientras tanto disfruta de esa calma.
Saludos cordiales y gracias

JuanRa Diablo
17 de abril de 2009, 23:03

mochuELIn, esto ha sido como ver la gran final del show de la comedia. Hacía tiempo que no me reía tanto. Buenísimo.
Pero es que además es cierto todo, los dentistas ya pueden ser todo amabilidad que resultan los tipos más macabros y antipáticos del mundo.

'¡Ah, vaya! se nos ha pasado darle cita hoy, mejor venga mañana, o dentro de diez años! Jajajajaja

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