domingo, 31 de mayo de 2009

Rememberes: Los vigilantes del sótano

Este remember se ancla en el tiempo universitario... ya ha llovido un poco, pero no tanto... los pantanos aún siguen vacíos. Nos situamos en el año 97, la misma cara que tengo ahora, eso no ha cambiado nada, los pelos igual de tiesos, la mirada con esa chispa de travesura.


Llegar a ser alumno interno de la facultad no es un trabajo fácil, tiene que gustarte la investigación, tienes que tener intenciones claras de docencia, tienes que, además, superar el síndrome de escobilla de baño, o de última rata o último mono... y se supera. Entré al departamento de fisiología animal y ecología sin saber ni donde llegaba, sólo tenía claro que ante mí se abrían posibilidades infinitas de aprender y de hacer algo más que el resto de mis compañeros, la verdad es que era una manera de ocupar mi tiempo, un lugar donde conocí a gente estupenda y una experiancia que me ayudó y me enseñó más de lo que me imaginaba. Mi jefe, que además era mi profesor, tenía y tiene esa gracia y habilidad de la gente genial, sí, así es. Pero es y era la personificación del despiste, del lío y del descontrol, pero esa es otra historia que ha de ser contada en otro momento.
Por aquellos tiempos se me daban órdenes muy claras, tienes que obedecer a tu jefe, al doctorando de tu jefe, a la compañera de tu jefe, a la investigadora de la compañera de tu jefe, al compañero del compañero de tu jefe y a la limpiadora que limpia el despacho de tu jefe si así ella lo requiere... por lo que tiempo de obediencia no me faltaba. Trabajábamos con peces, sí señores, esos seres sin párpados que no expresan ni dolor ni alegría, que giran y giran en tanques sin parar y que viven en un medio diferente al nuestro en el que, por mi torpeza congénita, acababa siempre contactando, es decir, las mangas de la bata hasta las axilas de agua!!. Nuestros proyectos versaban acerca de la alimentación de peces cultivados y la creación de piensos de diseño que mejoraran la ingesta de esos animalillos, que insisto son seres especiales. Uno de nuestros trabajos, y muchos más, contaba con los tanques en el sótano de la facultad, hablo de tanques que son como piscinas grandes, blancos, de plástico duro, con una estructura metálica que los refuerza, donde puedes meterte y mojarte hasta el pecho, dar un par de brazadas incluso. Nuestros especímenes eran trucha arcoiris, numerosos ejemplares tratados con todo tipo de cosas y alimentados con las fórmulas que íbamos pensando e investigando para conocer sus efectos. Había otros dos tanques grandes con lubinas y con anguilas... otra especie que tiene que tener una sección especial, todo llegará. Como he dicho, estos laboratorios con los tanques, estaban en el sótano de la facultad.

Los sótanos de la facultad son un sitio oscuro, pasillos interminables que no parecen tener fin, alumbrados en tramos por tubos de luz fluorescentes parpadeantes, que daban miedo y que erizaban el pelo al más pintado. Nuestros tanques se encontraban en la primera sala, según bajabas las escaleras, por lo que yo asomaba la cabeza a esos pasillos infinitos y me escondía como una ardilla mientras la compañera abría nuestra sala. Nunca había pasado de asomar la cabeza al pasillo.

Por aquellos tiempos yo tenía mis inquietudes, por aquellos y por estos, que eso tampoco lo he perdido, una de ellas era hacer deporte, pero no un deporte cualquiera, yo hacía hockey sobre patines en línea, en pocos meses y varias contusiones, ya patinaba como una centella y llevaba mi mochila con ellos a la facultad que era mi segunda casa, o quizá la primera, porque a la otra iba sólo a dormir y no a diario.
Una mañana tuvimos que bajar a los sótanos, muy temprano, había que probar una serie de cosas y me tocaba ayudar a la investigadora que hacía su tesis en alimentación de truchas, cogí los bartulos correspondientes, mi mochila y bajé con ella. Para aquel que no sepa como funciona la ciencia le diré que funciona de una manera muy simple: DESPACIO.
Todo lo que se hace requiere esperar y esperar, probar y esperar, volver a poner en marcha y esperar, comparar resultados, volver a probar una nueva técnica y esperar. Y claro, esa mañana, después de medir, pesar, mezclar y colocar, tocó esperar.

No me caracterizo por la tranquilidad, no me podéis encuandrar en ese grupo de personas que se sientan y se quedan quietas viendo pasar el mundo... soy culillo de mal asiento. Así que intuyendo que nos tocaba una buena tanda de descanso aburrido y tedioso, consideré que era más divetido patinar alrededor de la mesa y los tanques que estudiar mis apuntes, cualquier cosa, hasta intentar tocarte la nariz con la lengua es más divretida que estudiar. Por lo que me calcé mis patines y me estuve dando mis vueltas. La investigadora, y en ese momento mi jefa, se quedó maravillada de lo bien que patinaba y me dijo que a ella le encantaba patinar, que se le daba muy bien, pues mira puedes seguir patinando, pues es verdad, pues es que no tengo patines, pues hay una oferta en el centro comercial, anda! en el que hay aquí al lado, pues sí, pues nada, quítate la bata, vale, y los patines y salimos a escape a comprarse unos.
Comimos y regresamos con más prisa que nunca, volvimos a poner en marcha nuestro experimento sotanil y casi sin hablar nos plantamos los patines, pero claro, esa sala se nos quedaba pequeña, muy pequeña, nos chocábamos en cada rincón y tiramos cosas de suma importancia para nuestra investigación y para el futuro de la ciencia en general, por lo que investigadora me dijo muy seria, vamonos fuera, a los pasillos de los sótanos.
-Pe..pero... está oscuro...
-No, no está tan oscuro, vamos.
-¿con las batas?
-Sí, sí.
Y salimos a la calle, lo único que pensaba es que si nos perdíamos en esa especie de zona del mundo inexplorada, reconocerían mis restos porque en la bata va bordado mi nombre y mi departamento...
Investigadora se tira al pasillo central como Pedro por su casa, yo la sigo con reservas... pero poco a poco y ganando velocidad me pongo a su altura, juuu!! qué maravilla patinar aquí, pasillos enormes, con un suelo encerado fantástico, mira que pirueta!!, Ahh!!, pues mira esto, mira!!. Nos adentramos a mucha distancia, el miedo es ya un residuo olvidado, no sé ni cómo se regresa, hemos ido pasando por multitud de sitios que iban cambiando levemente de aspecto, en las cajas y elementos que habia en las puertas, en unos había frigoríficos, en otros cajas y pantallas de ordenadores olvidados, en estos hay sacos, piedras, cajas de metacrilato, creo que deben ser laboratorios de los de geología, después una peste insoportable, esto es algo de química, se oyen crujidos, ruidos lejanísimos de alguna puerta que se abre o se cierra, pero no encontramos vida alguna, llegado un momento emprendemos el camino de regreso guiándonos por la intuición y la buena memoria de investigadora, porque yo la verdad es que no sé ni por donde tirar, claro que para aquel que no lo sepa, el Universo no me ha dotado de esa habilidad: la orientación y eso sí que será una historia pero que ha de ser contada en otro momento.
La experiencia ha sido tan fantástica que durante el resto del tiempo que pasamos en el laboratorio del sótano a nuestro regreso, no hacemos más que repetir lo divertido que ha sido y que mañana tenemos que volver a hacerlo, y quedamos incluso que el domingo por la noche, momento en el que no hay nadie en la facultad, menos los cuatro pringaos que tienen que vigilar sus experimentos y los correspondientes alumnos internos escobillas de baño que los ayudan, patinaremos por el hall y haremos saltos por los escalones del mismo. Cosa que el siguiente domingo hacemos durante diez minutos gloriosos.
Así que de esta manera se estableció secretamente este acuerdo cómplice entre investigadora y yo, nos bajábamos al sótano, poníamos en marcha el experimento y deseábamos que llegara el tiempo de espera para calzarnos las ruedas y salir a correr por los pasillo despoblados del inmenso sótano, pero un día pasó.

Al regresar al laboratorio con el pelo revuelto de volar por los pasillos, con la cara sofocada de reir y correr, un compañero de ecología nos descubrió:
-¿Qué hacéis?
A ver.. cómo le explicas a otro investigdor, qué haces, con una bata, resoplando, con el pelo para atrás de volar y unos patines que echan humo y sobre los que te sostienes con una agilidad que no permite contar que te los acabas de probar...
Investigadora se quedó muda y claro, salí yo al quite:
-Es que.. es que ... somos vigilantes... vigilantes de los sótanos.
-¿Vigilantes de los sótanos???- cara de '¿¿¿que me estás contando tú???'
-Sí.. sí,- bien para quien no me conozca diré varias cosas, el teatro se me da genial, es algo innato en mí, hacer un papel, poner esa cara, usar mi gesto de ingenuidad infantil o clavar una mentira bien argumentada se me da muy bien, pedir referencias si no me creéis, pero no me hace esto ser una persona mentirosa, nada de eso, sólo que actuar es algo que hago a la perfección, y sobre todo cuando hay que salvar el tipo- somos vigilantes de los sótanos, como sabes aquí están todos los laboratorios de investigación de la facultad, es un lugar muy poco frecuentado y alguien ajeno a nuestro trabajo puede entrar aquí y coger desde reactivos a instrumental, por eso el decano nos comentó si nos interesaría vigilar los sótanos en los ratos que pasamos de espera, pero claro, le dijimos, así, sin cobrar nada?, nos dió una pequeña beca, son sólo 15 mil pesetas al mes, hay que saber patinar porque así es más cómodo, y tienes que solicitarlo al decanato, hay preferencia con las personas que tenemos aquí experimentos y que conocemos esto, que tenemos tarjeta de entrada por la puerta de investigadores, es normal también.
-De verdad??, a mí el dinerillo ese me vendría genial.
-Pues habla con el decano, es muy reciente esto y aún pueden quedar plazas, nosotras no hemos visto a nadie más, pero es que esto es tan novedoso que puede que lo sepa aun poca gente, si te cogieran ya haríamos turnos. Vale?
-Jo, pues muchas gracias por la información.
-Nada hombre, no hay de qué, estamos aquí para ayudarnos entre colegas... ahora vamos a seguir con nuestros peces, nos vemos.

Cuando atravesamos la puerta de nuestro laboratorio y aún en patines investigadora y yo nos retorcíamos de la risa, pero no podíamos parar. Fueron varios minutos de risa y lagrimas de pura carcajada, el señor ecólogo que además no era muy simpático, como todos los de ecología que se la tienen muy creída, se habia tragado eso sin rechistar y encima me daba las gracias.

El tiempo pasó, puede que un par de días o tres, estuve muy poco en el sótano en esos días, tenía un examen nada menos que de fisiología animal, mi jefe-profesor me recluyó en la biblioteca del departamento bajo pena de cortarme las orejas con un bisturí del diez si no aprobaba, estando allí una noche, en la biblioteca, con todos los apuntes desperdigados por la mesa, se abre de repente la puerta, era investigadora, descojonada de la risa:
-No te lo vas a creer..
-Qué?!
-Ecólogo habló con el decano..
-No me digas?? o sea que se lo creyó todo...
-Sí, por lo visto el decano se quedó con la cara de acelga impresionante y lo largó diciendo que qué parida era esa de vigilantes del sótano en patines, y ecólogo le insistía diciendo que bueno, que él no patinaba muy bien , pero que podía aprender, que la beca le vendría fantástica, y el decano le miraba con los ojos como platos: pero qué dices de beca???, quien es tu jefe??... pues tal profesor de ecología animal.
-JO!
-Creo que su jefe le ha echado dos broncas, una por la llamada del decano que le llegó minutos después de su solicitud de beca de vigilante y otra por ser tan bobo... el ecobobo, jajajaja...
-Ecobobo, siiiií, jajajajaja!!!

Así que en un tiempo prudencial nos ocultamos de la escena patinística (de hecho dejamos de patinar en el interior de la facultad), evitamos entrar por la misma puerta al departamento de ecología y fisiología, entrábamos por el montacargas, para evitar encuentros con ecobobo y cualquier derramamiento de sangre innecesario, y cada vez que nos acordábamos nos reíamos un rato, es aun hoy y no puedo evitar esta sonrisa que se me ha puesto al recordarlo... soy una de las pocas personas que ha explorado esos sótanos, he visto cosas que vosotros nunca creeríais, pero todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia... aunque quizá no sea tarde y si estáis interesados podéis preguntar si quedan plazas, las becas nunca vienen mal.


;P

10 cosas dichas:

angel dijo...
1 de junio de 2009, 3:00

Genial, en especial lo del ecobobo que aún estará busacando a las patinadoras para invitarlas a unas cañas ja! ja!...

ALGA
1 de junio de 2009, 12:17

jjajajaajaj buenooo que locura!

Como yo también estudié en esa inolvidable Facu, doy fe:
- los pasillos del sótano son auténticos laberintos;
- en la entrada principal existe ese famoso y traidor escalón;
-los internos del departamento de ecología tienen caras raras, como si estuviesen oliendo algo apestoso.
- realmente la zona de químicas, era lo apestoso.
- y definitivamente, The Oscar goes to...Mochuelín!!! el premio a mejor guión, mejor director y mejor actriz de reparto (reparto, reparto, y no me harto) porque vaya tela con tus ocurrencias! jajajajaja genial

Miski
1 de junio de 2009, 14:29

Buenísimo relato!!!! Además pareciera que describieras mi facultad...los departamentos de animal y ecología estaban en el mismo pasillo y también fui alumno interno del departamento de zoología un par de años e incluso empecé una tesina hasta que me dí cuenta de las pocas luces que se gastaban por allí. ¿Habremos transitado por los mismos sótanos? ¿los almancenes donde pillásteis los patines eran "Urende"?

mochuELIn
1 de junio de 2009, 14:34

Miski: Corte Inglés Granada. Ya tienes toda la información, alucino si hemos coincidido en el departamento!!

Miski
2 de junio de 2009, 10:47

Jejejejje...casi...estudié en Córdoba.

JuanRa Diablo
2 de junio de 2009, 15:31

Jo, MochuELIn. Me lo he pasado pipa con el remember este.
Me lo he imaginado muy bien. Mezcla de diversión y acojone por algo tan grande y misterioso.
Coincido contigo en dos cosas que me han hecho sonreir: mi nefasto sentido de la orientación (me has dado idea para contar mi remember particular al respecto) y mi facilidad para meter buenas trolas y que no se me note.
De patinar no tengo ni pajolera idea.

Un saludo (y yo también te doy un oscar)

Paco
4 de junio de 2009, 8:29

Es cierto... todo parece igual, hasta el tiempo.

saludos

mochuELIn
4 de junio de 2009, 10:21

Miski: Casiiiiiiiii... o sea biólogo?¿?... humm, no sé si es bueno o malo tanto biólogo junto. Voz bajita, hablándote al oído: por aquí hay varios...

JuanRa diablete:
O sea que para palomicas mensajeras no valemos ninguno de los dos... que nos sueltan en medio de un lugar y nos miraríamos... a mí normalmente me entra la risa, porque es superior a mi capacidad. Me alegra haberte dado alguna idea, y no metas trolas, que al final te van a pillar!!
Besito

Pacoco!! qué ahces aquí que no estás haciendo maravillosas fotos!!, de esas que son miradas congeladas, trozos de tiempo fijados en tu cámara.

Muchas gracias por comentar... y aunque todo parezca igual, hay muchas cosas que han cambiado, no sé si ya sabría patinar!!, creo q tras un par de mamporros me pondría al día.

Saludos cordiales

Ana dijo...
8 de junio de 2009, 2:01

Muchas cosas cambian, pero la esencia no se pierde. Eres única transmitiendo los momentos, captando la vida y describiéndola. La misma pasión para vivir que para re-vivir. Besos mil.

mochuELIn
20 de junio de 2009, 0:21

Ana: Muchas gracias; la pasión es algo que no creo yo sola por mi cuenta, se suele ir reponiendo de la que las personas me entregan, en sus formas, en sus maneras, en sus estilos... es por tanto mía y de quienes me rodean. Así que ya sabes que de tí tb llevo mucha. ;P

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