jueves, 2 de julio de 2009

La memoria involuntaria o mi magdalena proustiana

"En el mismo instante en que ese sorbo de té mezclado con sabor a pastel tocó mi paladar... el recuerdo se hizo presente... Era el mismo sabor de aquella magdalena que mi tía me daba los sábados por la mañana. Tan pronto como reconocí los sabores de aquella magdalena... apareció la casa gris y su fachada, y con la casa la ciudad, la plaza a la que se me enviaba antes del mediodía, las calles..." Por el camino de Swann. Marcel Proust.


A veces me como una magdalena imaginaria y me viene un recuerdo, tan real, tan absolutamente tangible que lo revivo... y me encantan esas magdalenas. Porque las de verdad, no las puedo comer, pero estas son tiernas, dulces y alimentan (mi alma). Ayer tuve una. Una enorme y gratificante magdalena después de una tarde aciaga.
Tenía que ver al ortodoncista, que es en plan fino el dentista que te pone un 'parato robocopiforme' en los piños, no ya no lo llevo, lo he llevado, sí, y mi pequeña sonrisa es una muestra maravillosa de esos dos años de tortura de la inquisición.
Llegaba tarde, corría con el coche por pleno centro de la ciudad, porque estos señores ortodoncistas tienen que tener sus clínicas en medio de la ciudad, en el centro más profundo de las laberínticas calles, sino no serían ortodoncistas, serían talleres mecánicos, porque esos siempre están en las afueras, donde los coches no circulan. Bueee... que no llegaba, así que me metí en un parking, arrojé la llave a mis compañeros de coche y les pedí que aparcaran, yo iría a mi cita y a la salida los llamaría por el móvil para continuar con la lista de tareas que teníamos planificada, que incluía una visita al dentista, pero este, como no es ortodoncista, no estaba en el centro, salgo a escape, llego tarde, por lo que tengo que esperar, espero y desespero, por fin me toca, todo pasa, sin muchos líos, estáustedmuybienvuelvaenlapróximacita, corro por la escalera abajo, ni siquiera puedo esperar el ascensor, corro y corro sin parar, una centella orbita lenta a mi lado, resoplo mientras camino hacia el parking, más que caminar es correr, descubro que me muero de sed, paro ante una máquina de coca colas, con la mochila hecha un gurruño rebusco la cartera y en ella el euro, mientras el movil en la oreja, llamada, miro el reloj, contorsión para agacharme, coger la coca cola, seguir al teléfono y no perder la mochila y todo su contenido, me enderezco, llego a la plaza donde está el parking, una plaza grande, enorme, conocida por mí, el teléfono en la oreja, la coca cola en la mano sin abrir, el resuello desbocado: '...el teléfono al que está llamado está apagado o fuera de cobertura', pero ¿QUÉ???, vamos a llegar tarde, NO!! ya estamos llegando tarde, me acerco a un banco, no me doy cuenta pero me voy sentando, nueva llamada, mismo mensaje: '...el teléfono al que está llamado está apagado o fuera de cobertura', apago el teléfono, cierro los ojos, abro la coca cola, le doy un trago, levanto la mirada, paladeo las burbujas y me encuentro en la plaza, con el sol en la cara, con el movimiento de las hojas de los árboles, con el cinturón de sonidos de los coches que hacen una barrera alrededor de este espacio, como una muralla acústica, con los gritos de los niños de los columpios, con mis colegas que hablan de montar una obra de teatro para el dia de San Juan y con el olor a pipas que me hace humedecerme los labios para degustar la sal, mezclado con el dulce sabor del refresco, y veo las caras, y paseo la mirada por el horizonte y me siento allí pero no allí, sino en una arruga en el tiempo, en un salto en la continuidad. Y miro mis zapatillas, con los cordones sin cerrar como siempre, con el vaquero caido y pisado como corresponde, con los pies hacia dentro, y noto la sonrisa en mis labios, y percibo el gesto de mi cara en un momento de alegría. Y una alarma suena a lo lejos, debe ser una ambulancia, está al lado la carretera, o puede ser una alarma de coche, se han puesto de moda, todo el mundo instala una, pero es un sonido raro, no es como las alarmas habituales, es rara, puede ser que sea un silbido, o la música del cassete de dos toneladas y tamaño camión de mudanzas de los chicos del banco de más abajo, con los que no tenemos relación alguna salvo para robarles los tapones del depósito de la gasolina de sus vespinos, o pasar a su lado con mirada despectiva...es una alarma rara... es el móvil, suena y es un plop! despierta! y la magdalena qué, mochuelin, estaba buena?, sí, pero yo quería más...No, quizá otro día... pues me duele y me jode que se haya acabado, pero así es, vuelvo a beber de la lata con la esperanza de tener otra vez ese momento, pero no es así, cojo el teléfono y mientras contesto veo esa plaza de otro modo, con otra esencia y ahora esa plaza es más mía, como lo ha sido tantas veces, tantos ratos, tantos recuerdos...

;P

7 cosas dichas:

X
3 de julio de 2009, 1:06

Casualmente hace poco me di un wikipaseo por Proust y su magdalena. La verdad es que siempre he sentido curiosidad por saber lo que se siente, valga la redundancia, cuando algo del ayer y del hoy te lleva del hoy al ayer (y mucho me temo que conforme pasen los años, cada vez serán menos magdalenas y más refrescos de zarzaparrilla los que lo logren), pero por algún motivo mi memoria parece no haberse guardado nada para sí misma. Gracias por contarlo, pues.

Paco
3 de julio de 2009, 9:18

a mi no solo los sabores, sino la luz del día conforme va avanzando el año me recuerda mi niñez.

saludos

Ana dijo...
6 de julio de 2009, 23:25

Qué relato más bonito, es el que más me ha gustado de todos los que te he leído. Me he sentido muy identificada, te he imaginado en todo momento y he comprendido muy bien cómo te sentías...
En mi caso mi magdalena es el olor a tierra mojada..nada hay que me evoque tanto el pasado y toda su esencia como un día de lluvia..especialmente esa lluvia tras un día caluroso de verano, de otoño o de primavera..cuando la tierra deseosa de su jugo la atrae para sí, la absorbe y devuelve ese olor empapado, tan característico, tan denso que parece espeso y hasta con cuerpo..

ALGA
7 de julio de 2009, 10:17

Mochu!!! CU CU

...¿y qué hago con la des-memoria involuntaria?

Con las magdalenas, lo tengo claro: me las como con chocolate.

JuanRa Diablo
9 de julio de 2009, 11:52

Pero MochuELIn, ¿te han dicho alguna vez que escribes de maravilla?
He experimentado perfectamente todas las sensaciones que te ocasionó ese alto en el tiempo de feliz regresión.
¡Qué relajante oasis de paz entre el maremágnum de las prisas cotidianas!

Deliciosa tu magdalena. ¿Tienes más?

mochuELIn
9 de julio de 2009, 12:45

X: Es una pena que no tengas magdalenas... jojojo! siempre te quedará la cocacola, o lo de la zarzaparrilla como tú le dices... que coj... es la zarzaparrilla?¿?, de todos modos las regresiones memorísticas son maravillosas, hasta que se acaban que son horribles.

Paco: a tí la luz y las formas son partes que componen tu visión, por tanto tu memoria, que gusto verte por aquí!

Ana: que bonito comentario, te aseguro de que ese olor a mojado para mí también es evocador. Un placer para los sentidos, un refresco para el corazón. Besito

Alga!: Cú cú!!! (abriendo el pico y moviendo la cola), qué voy a hacer contigo y tus magdalenas con chocolate?¿?¿... para lo de la des-memoria los abuelillos dicen no se qué de rabitos de pasas, pero no lo recuerdo muy bien, jijijiji! techamos de menos... cdo tenga más tejas acabaremos de techar ;P

JuanRa: Que alegría que me digas eso porque me expandes el ego, jojojojo y ya no vamos a caber todos aquí!!, me alegro que te haya gustado. Sí que tengo más magdalenas, pero no son frecuentes, porque son placenteras y desgraciadamente no suelen abundar, pero no dudaré en compartirlas con vosotros para así, al menos, disfrutarlas juntos. Oye, tú tampoco escribes nada mal. Bs

Miski
13 de julio de 2009, 13:31

Yo he recordado, por lo de la sed, cuando en el pueblo encontrabas una pileta o fuente en cada barrio donde saciar la sed...aún recuerdo una Córdoba donde podías conseguir lo mismo con esas fuentecillas que funcionaban al pisar un pedal en el suelo...siempre he pensado que una ciudad sin agua en la calle no es acogedora y más aquí en el sur.
Un saludo a todos.

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