martes, 10 de noviembre de 2009

Rememberes: el crucifijo maldito

Cuando te educas en un colegio de curas o de monjas, te pueden pasar sólo dos cosas, que la fe cristiana te impregne hasta la médula, o que seas el ser más ateo de la galaxia conocida y desconocida. Estoy en el segundo grupo, y creo que tiene mucho que ver lo que aquel día aconteció


Sí, aquel día era un típico día de primavera invernal, gris, frío y húmedo, porque llovía. Odio que llueva, sobre todo si tienes 10 años, y por esa trivialidad (acaso no es una trivialidad que caiga el agua a cantaros?) ya no puedas salir al recreo. Puedes ir a la biblioteca, oh!! qué divertidooo!!, al patio cubierto (un espacio muy pequeño, donde no te dejan correr), o quedarte en clase, estudiando. Un grupo de alumnas muy aplicado le pidieron permiso a la seño, la seño Julia, para que nos quedáramos, estudiando; por supuesto, mi cara traviesa estaba allí entre las peticionarias, si lo hubiera pedido yo, la respuesta sería rotunda, cristalina: NO!, tú cerca de mí que no te pierda de vista.
Pero no era el caso, supe refugiarme en el anonimato de la masa de niñas buenas.
Nos vigiló un momento, no más de dos minutos, estuvimos estudiando, al menos yo agaché la cabeza sobre mis libros e interpreté un ratito, nos comíamos el bocadillo a la vez, allí cada cabecita ocupada en sus cosas. Al fin se fue, dejando claro en su partida que:
-No corráis, ni juguéis en clase, podéis hablar, pero cada una en su sitio, entendido?
-Sí seño.
Claro que sí, pensé yo, hasta que te vayas por esa puerta!!
Así que en cuanto salió hice mi propuesta:
-Jugamos a la pelota?
-Qué dices??... que nos van a castigar- Verónica siempre tan optimista
-No!! No tiene porqué enterarse- aposté yo, mientras me levantaba y me estiraba, sentándome en la mesa.
-Además no tenemos pelota.
-Yo sí.
De mi mochila saqué una pelota de goma, dura, era de color rojo oscuro, y era esponjosa, pero contundente, como esas de jugar a las palas en la playa.
Nos levantamos como centellas de nuestros asientos, fuimos al único sitio despejado del aula, delante de todas las mesas, entre la pared donde estaba la pizarra y la primera fila de mesas. Después de discutir un rato empezamos a jugar a algo, uno, equis, dos… o puede que fuera el quema. No recuerdo muy bien. Seguramente era algo que nos hacia gritar, correr y saltar, exactamente lo que no debíamos estar haciendo. Y yo aseguro que era parte muy activa de todo eso. Porque yo siempre era el alma indómita de todo, especialmente de lo que no se debía estar haciendo. No recuerdo si fueron dos minutos o diez los que pasamos tirando la pelota sobre nuestras cabezas. Lo que sí recuerdo fue como en una de las jugadas, ejecutada por Celeste, una chica delgadita, morena y tímida, la pelota efectuaba un movimiento parabólico y golpeaba encima de la pizarra, exactamente en el crucifijo que en medio se mantenía colgado y vigilaba con su presencia toda el aula. El señor en la cruz cayó en toda su extensión, descendió (de los 'cielos') y golpeó el suelo, haciéndose trizas.
Nos paralizamos, pegadas a las mesas, a la pared, absolutamente congeladas, hubo un momento de parada de tiempo, de detención absoluta de cualquier movimiento, pasmo generalizado y los ojos sin parpadear en una eterna decena de segundos.
De repente reaccioné rápidamente, fui corriendo hasta la cruz que yacía en el suelo, y evalué los daños. La cruz estaba perfectamente, el cuerpo era una figurita de algún tipo de cerámica, lo que era el torso, la cabeza y los brazos estaban impecables, pero bajando la mirada descubrías las piernas y los pies, cruzados. Las piernas no existían, eran dos alambritos pelados, en los que minutos antes había una capa de trabajo alfarero, que hacía que aquello pareciera un ser en la cruz, ahora parecía una especie de títere de patas de hilo, al final solo dos muñones que se cruzaban dejando una imagen muy patética de lo que es un reflejo que representaba un movimiento religioso, Jesús en la Cruz. Una calamidad. Miré la cara de la figura, era muy triste y ensangrentada, con mucho temor, creo que no se alejaba de las caras que lo observaban pavorosas. Un desastre.
Pero no. No os equivoquéis, el verdadero desastre se desató cuando Mª Jesús gritó, mejor dicho, chilló en un alarido cargado de pánico:
-Oh Dios mío!! Hemos dañado el crucifijo, nos caerá una maldición a todas, tenemos que ponernos a rezar alrededor de la biblia, vamos, deprisa!!
Un movimiento casi sincronizado y la biblia apareció de repente del armario de las cosas de la clase. Un momento de urgencia desenfrenada, de inmediatez desaforada.
Y ahí tienes a siete niñas que minutos antes estaban riendo y jugando como locas, arrodilladas alrededor de la mesa de la profesora, coronada por una biblia cerrada. Y yo mirando aquel circo, absolutamente alucinada.
-Pero por qué no rezas???!!- gritó Encarnita- te va a caer a ti la maldición, a ti sola!!
-Tenemos que colgar la cruz. Dejaos de rezar
-NO!- de nuevo Mª Jesús- mi abuela me dijo que hay que rezar padre nuestros, por lo menos cien, sino la maldición nos llevará al infierno a todas!!
Y con una mirada que mezclaba el miedo con la furia me ignoraron y empezaron a rezar sin parar en voz alta como locas.
-Sois tontas!!
-Padrenuestroqueestásenloscielossantificadoseatunombre… seguid, no le hagáis caso!!
Cogí una mesa, la arrastré debajo de la pizarra y empinándome sobre ella colgué la cruz, de un salto me separé, desde abajo no se notaba mucho, estaba un poco torcida
-Elpannuestrodecadadíadanoslehoyperdonanosnuestrasdeud…
Vuelta a subir, la enderecé, de nuevo abajo, inspección, no quedaba mal. Limpié la mesa con las mangas del jersey del uniforme, la puse de nuevo en su sitio, la cantinela seguía de fondo. Busqué los fragmentos de lo que fueron las piernas de Dios Nuestro Señor, y los lancé por la ventana, ocupándome de todos y cada uno de ellos, busqué también la pelota y la guardé en la mochila, cada vez que pasaba por su lado se escuchaban murmullos entre la oración 'te va a caer una maldición', 'esto no es una broma!!' y yo me reía de medio lado, diciendo, que sí, que sí y canturreando el padre nuestro a mi manera, burlonamente, claro. Tocó el timbre. El resto de clase regresó junto con la seño Julia, la vida volvió a su normalidad.







Fueron varios días, puede que diez, una semana tal vez, el tiempo había mejorado mucho, dejó de llover, de hecho esa mañana no llovía, el tiempo era radiante, la primavera dejaba ya de ser húmeda para ser más veraniega y sonreírme cada vez más. Cómo tenía que ser. Cuando entrábamos en clase se repetía el ritual de cada día, te ponías de pie y mirando a la pizarra rezábamos a la cruz, sí, a la cruz que seguía allí colgada desde que yo la dejé. Estábamos en medio de la oración, era una oración a la Virgen. De repente la seño Julia se quedó en silencio, mirando a la cruz:
-Pero… buenooooo… Qué le ha pasado al crucifijo?
Se fue como un águila a la figurilla, arrastró una silla, subió a ella y en un momento tuvo la cruz en sus manos, todas seguíamos de pie, sin decir ni una palabra, algunas miraban al suelo, al techo, otras simplemente estaban tan anonadadas como la seño… Yo trataba de ausentarme del sitio, no estar allí para no revelar en mi cara nada que me delatara como parte implicada en aquello.
La seño Julia analizó el crucifijo, lo miró detenidamente, entonces lo puso delante de ella, como un sacerdote en un exorcismo y formuló la pregunta clave:
-Quién ha sido, quién lo ha roto?
Hubo un silencio absoluto.
-he preguntado que quién ha sido?!!-ahora sí que gritó, por si habia algún problema de audición que determinaba la ausencia de respuesta.
Se mascaba la tensión y yo creo que el corazón me había subido a las orejas, por el calor y el ruido que escuchaba.
-Ha sido Eli.
Abrí los ojos de par en par, giré la cabeza, la boca también abierta, miré a Mª Jesús:
-ESO ES MENTIRA!!
-Seño ha sido Eli, y fue con su pelota.-seguía insistiendo mientras que con un dedo acusador me apuntaba, Encarnita de fondo asentía, también Celeste.
-Cuándo pasó Mª Jesús?
-el día que llovía y nos quedamos en clase
-ESO ES MENTIRA!! YO NO FUI
-Eli: Una semana sin recreo, aquí está prohibido jugar con la pelota, que me vas a entregar porque queda confiscada.
-Pero es que yo no fui!!- grité mientras sacaba de mala gana la bola de la mochila y se la arrojaba a la seño- Joder, yo no fui!!
-No es esa manera de contestar! Dos semanas!! Y silencio ya o te pongo un parte de conducta, a tu sitio!!.
Pero no fui a mi sitio. Yo fui a por Mª Jesús, que se retiró un par de pasos hacia su silla, tratando de alejarse de mí:
-Yo no rompí el crucifijo, yo no fui, acuérdate! mentirosa embuster...!!
Iba a soltarle un guantazo, lo juro, pero la seño fue más rápida, me cogió por el brazo.
-De pie al rincón, venga!!.
Me dió un par de cachetes fuertes mientras me mandaba de cara a la pared, (antes las cosas eran así, pero yo no me noto trauma, de verdad).
Y allí estuve una hora, lo mismo fueron diez minutos, pero lo recuerdo como una hora, luego pasé sin recreo una semana, y la mitad de la otra, tampoco tuve manualidades el viernes por la tarde, estuve aparte haciendo ejercicios de sociales. En los recreos estaba siempre en compañía de la seño que me hacia copiar y copiar, hacer operaciones y problemas, estar sin recreo no consistía en que te comías el bocadillo en clase mientras tus amigas chillaban y reían en el patio, no, no, no. Era más divertido, mucho más!!.
Me levantó el castigo cuando le prometí que me portaría bien y que no volvería a replicar y que no mataría a Mª Jesús, de verdad, que no la mataría. Y pedí perdón.Y supliqué clemencia.
Al final aprendí.
Aprendí que hay que hacer caso. Lo aprendí al menos por unos días, tres, no más.
Pero también aprendí que te cae una maldición si rompes un crucifijo y no rezas, te caen dos semanas sin recreo, un viernes sin manualidades… y toda una vida ya de agnosticismo absoluto.

Quiero dejar claro dos cosas: una es que a mi seño Julia la guardo en mi memoria con veneración absoluta, yo soy una perla caribeña en cuanto a travesuras se refiere, digo soy porque eso no se cura. Fue paciente, amable y dura cuando correspondía, me educó, me enseñó y me hizo ser persona, cosa que llevaré conmigo siempre. Ah, la segunda cosa, a Mª Jesús le perdoné la vida, pero le lancé el borrador cargado de polvo de tiza sobre el suéter azul marino en cuanto tuve ocasión… Sí, lo hice. Y esta vez no supo de donde le vino. Posiblemente le cayó una maldición.


;P

4 cosas dichas:

X
11 de noviembre de 2009, 1:56

Justicia para todos, pues. A ver si al final va a existir. :P

mochuELIn
11 de noviembre de 2009, 2:01

Existe X, existe. Gracias ;P

peibol
11 de noviembre de 2009, 12:29

Jajajajaja grandioso. Yo estuve en un colegio antireligioso, que durante el franquismo tenía los crucifijos guardados en un cajón, y sólo los colgaban en las clases si había inspección. Salí ateo de forma natural, pero lo tuyo tiene más mérito. Piensa que gracias a ese castigo desproporcionado, y a tantísima tontería observada en tus compañeras, al final te hizo más bien que mal. ;)

JuanRa Diablo
11 de noviembre de 2009, 19:44

Divertidísimo. :D Y contado con una acción trepidante.
No, si cuando el diablo apareció por aquí, sus razones tendría.
¿Acaso te crees que la maldición terminó? Anda que no me queda caña por darte, Eli. La llevas clara, pecadora! :P

PD. Saludos a Peibol, el pecador de las Canarias (que viene de can, que ya lo he aprendido, seño)

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