martes, 15 de diciembre de 2009

Sueños de la infancia

Cuando yo calzaba mis tiernos 12 o 13 años, sólo quería tres cosas muy importantes para mí: 1)tener gafas, 2)romperme un brazo o una pierna y llevar escayola y 3)tener aparato de ortodoncia.


Por supuesto ninguna de estas circunstancias atravesaron mi vida en ese momento, y yo envidiaba a cada una de mis compañeras que llevaban gafas y las guardaban en un estuche fabuloso para hacer educación física, o lucían una escayola maravillosa sobre la que había estampados miles de garabatos abstractos, muestra del más avezado Picasso, aquellas notas de 'ponte bien pronto', esos corazones de bic rojo punta gorda o de los edit negros, qué pasada!!... y luego estaban esos hierritos de los dientes, esas cosas abrazando cada dientecito, como si fueran pequeños insectos metálicos que daban ese toque exótico, la curiosidad que me provocaba cada vez que se reían y yo quería saber más y más de esa cosa que llamábamos aparato.

Primero llegaron las gafas, pero un momento, cuándo tenias 12 años??, no, no, que va, llegaron a los dieciocho, y por casualidad, en una de esas clases que te saltas en primero de carrera, nos fuimos de compras (o a 'golisquear' que sale más barato) al Hipercor, y en la puerta un grupo de señores y señoras con bata nos dicen que si nos queremos hacer una prueba óptica, 'oye, pues claro, todo lo que sea perder el tiempo soberanamente y sin coste alguno'.
Y hete aquí que me dicen que tengo menos agudeza visual que un boquerón.. Frito.
'Pero cómo?? Pretende usted que lea la segunda línea??', 'no, pretendo que leas la última'. Bochornoso momento de inventarte lo que pone en esos palitos confusos y borrosísimos, porque no ponen refranes ahí?, podrías descifrar el principio y así poder acabar la frase y no quedar tan mal, no, debe poner efe, ene, jota y la ese que no es nunca la ese que s un ocho, y cuando estás seguro de que es ocho, pues no, es la ese... cachislamarrrr... 'Deberías usar gafas'. Haremos el pedido a las altas esferas, es decir a la marma.
'Marma, necesito gafas'
Hubo un poco de cara de: 'estodelasgafaslodicesenserio?', pero mi querida marma corroboró mi decadente carencia de agudeza y me instalaron las gafas encima de la nariz una noche de otoño, tras un largo rato de deliberación con el modelo, diferimos en gustos, diferimos en casi todo.
Y salí al mundo exterior.
Y aluciné.
Recuerdo que mi primera sensación fue de extrañeza, resulta que era de noche, y yo descubrí que podía leer todos los rótulos luminosos, TODOS. Sabéis, yo es que pensaba que esos rótulos estaban de adorno, así para dar colores a la ciudad, iluminando, pero que nadie los leía, que todos sabíamos que el bar 'Los Ángeles' estaba allí pero que en realidad NADIE leía jamás los rótulos, al menos de noche. Y no, se leían perfectísimamente, tanto que me pasé el camino de vuelta a casa con la boca abierta leyendo todos los rótulos de sitios que conozco de memoria.
La segunda sorpresa fue que podía identificar las señales de conducir, vale, alguno dirá que cómo cogía la moto si no veía??, pues yo obtuve mi certificado médico de manera legal y sin chanchullos, pagando la correspondiente cantidad solicitada, como todo el mundo, y ahí iba yo, como un topo conduciendo un vehículo. Pero también estaba en la convicción de que NADIE veía las señales hasta que estaban encima, pero encima es que las tocabas si estirabas el brazo. Y no, mira mochuelo, el mundo no es como tú crees que es.
La tercera sorpresa llegó en clase. Lo que se escribía en la pizarra se veía!, no era un tiempo muerto para que yo mirara por la ventana, ni era necesario copiar de mis compas. Aquello se podía leer.
Después de las gafas, y cómo de todo se cansa uno en esta vida, me pasé a las maravillosas lentillas, pero esa historia será contada en otra ocasión.

El aparato de ortodoncia vino tres años después, con 12 años?? No, cambia el orden, con 21. Puedo resumir el aparato de ortodoncia con una definición que os dejará una clara idea de lo que supone: la ortodoncia y sus aparatitos son un invento de la Inquisición.
De los inventos más macabros y sutiles que no una mente perversa cualquiera puede inventar, no, sólo las mejores de las peores. Con el estupendo aparato de ortodoncia perdí más kilos que con un mes de dieta a base de agua y limón, porque dejé de comer, de reír, de hablar y de realizar cualquier movimiento que implicara una leve muesca bucal. NADA.
Recuerdo con claridad diáfana como en la sala de espera del señor Menéndez (el médico) yo veía a niños, muchos, niños de esos de 12 años, enanos pequeñísimos, mascar chicle!! Con todos los brackets, esos hierros dolorosísimos para mí y ellos con el chicle, el dolor gratuito y aquello me desquiciaba aún más, si yo no podía ni beber agua!!, y ya me petrifiqué el día que una mamá le daba un bocadillo de jamón a un chico en la consulta y le insistía en que debía lavarse los dientes antes de entrar, sí, he dicho jamón. Yo siempre entraba con la misma cantinela: 'quítame esto ya!', 'no, aun no, abre, cierra, ... aprieta... pero aprieta más.. Humm, aun no', 'cuanto falta?', 'un poco', 'un poco es un mes?', 'hummm... no, un poco es un poco más'.
El poco fueron dos años, curiosa manera de contar el tiempo la de Mario, mi ortodoncista, en ese poco tuve que quitarme cuatro muelas, conocer todas las variedades de cera, todos los grosores de hierros de sujeción, todos los colores de gomas inimaginables y esos elásticos maravillosos que iban de arriba a abajo, que bostezabas y se rompían dándote un gomazo de órdago y cagándote un rato en cosas y personas que ahora no nombraré. La ortodoncia, una experiencia única, hablaremos de ello en otra ocasión, puede ser muy enriquecedor.

La escayola llegó hace sólo un par de años, cuando las tres décadas ya se han posado en mí. Voy yo con unas chancletas, en un lugar rellenado de piedras sueltas, para una ocasión de fiesta medieval y me doblo el tobillo oyendo un 'crack' muy desagradable.
El dolor.
Recuerdo el dolor en su extensión plena y auténtica.
Las lágrimas me corrieron por la cara como dos ríos, me arrastré al primer lugar apropiado, un sillón de masaje de un stand de la feria de muestras que estaba junto a mi posición, lo alcancé dando saltos como un gorrión.
Una vez que el mareo me dejó respirar con normalidad de nuevo, me dirigí a mis ocupaciones normales, pero no podía, algo iba mal en mi tobillo, lo miré así de soslayo y nada parecía diferente y yo tenía muchas cosas de las que ocuparme. De todos modos pretendí seguir mi ritmo normal. Pero al coger el coche noté algo extraño, el pedal del embrague no iba bien!!, pero un momento, lo que no iba bien era mi pie. Me fui al centro de salud, en primera, porque no podía cambiar de marcha, a pata coja llegué hasta la puerta del médico, le expliqué, tobillo, se dobló, nada serio... al tumbarme en la camilla y colocar los dos pies juntos (yo, alma de cántaro, no se me había ocurrido hacer esta compleja prueba comparativa) caigo en la cuenta de que el izquierdo tiene un grosor levemente mayor que el derecho (levemente es que no se distinguía lo que denominamos pie propiamente dicho de lo que podríamos llamar tobillo), y el tobillo o esa parte amorfa,es recorrida por una tira morada como un lazo. Esguince con rotura de ligamentos, claro mochu, ya que haces algo, lo haces bien, tú nunca a medias tintas. Venda, escayola, escayola de nuevo y rehabilitación, total: 54 días de baja, unos bíceps que ríete de Stallone y una 'mala follá' a espuertas cada vez que en mi camino se cruzaba un escalón, un tranco, una cuesta y en general casi en cada momento de esos días, pido disculpas sinceras, entenderme, no era yo, me habia poseído un alien con forma de escayola, por cierto no la pinté, la odiaba tanto que ni la miraba...

Haciendo un análisis objetivo, me pregunto qué vería de interesante en estos tres hechos a la edad de 13 años, edad en la que ya empezaban a pigmentarse mis gónadas, qué cosa mágica escondían para mí estos tres incidentes, por no decir accidentes, que me hacían desear poderosamente que me ocurrieran. Lo curioso es que el otro día, por casualidad, alguien me comentó que a esta edad, deseaba tener gafas... y entonces descubrí, con MUCHO alivio que esto le pasaba otros también!! Suspiré, respiré y me tuve que reír, si es que no somos normales, nadie nadie!!




;P

4 cosas dichas:

X
15 de diciembre de 2009, 21:49

¡Qué manera de desaprovechar tres posts en uno! xD

Pues yo gafas no, y aparato creo que tampoco porque mi compi de pupitre lo llevaba y veía cómo se lo ponía y se lo sacaba (no era de esos fijos de ahora) y pues como que me daba un poco de asco. xD Pero bueno, lo de la escayola es un clásico, ¿quién no ha querido tener una y presumir de heridas de guerra? :-)

JuanRa Diablo
18 de diciembre de 2009, 19:08

Puedo entender lo de la escayola, le veo su parte molona. Me cuesta entender más lo de las gafas, pero veenga, vaaale, aceptamos burro como animal de compañía, pero lo del aparato de ortodoncia?? ¿¿cómo es que anhelabas una cosa tan horrible??
Bueno, aunque sólo sea porque luego lo contaras aquí y me hicieras reir como me has hecho, te perdono tus "pésimos gustos" ;)

Un beso

reverendomayo
15 de enero de 2010, 19:17

reverendomayo dice:
Yo sin embargo y dejándome llevar por un arrebato monárquico que ahora me cuesta explicarme, me hubiera gustado medir dos metros (igual que el Príncipe de Asturias, VIVA LA REPÚBLICA) y vivir cien años. Para aquell@s que no me conocen diré que lo de medir dos metros todavía me queda lejos y también para los que no me conoceis os diré que para vivir cien años aún me quedan 66.

Por lo demás y haciendo caso de la autora del esta página, no he leido ni lo que ha puesto ella ni lo que ha constestado la gente. Pero sin embargo lo estoy perdiendo en escribir estas líneas. Soy una persona equilibrada.

mochuELIn
15 de enero de 2010, 21:28

estimado reverendomayo, o debería decir reverendoescribano: es tal el placer de verle por estos foros que no quepo en mí de gozo (quepo junkero), me alegra que tuviera usted sueños, tratándose pues de una persona, evidentemente, equilibrada, de buena presencia y de estatura media, tirando para baja-jajajaja. Un beso, enoggggme señoggg.

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