domingo, 14 de marzo de 2010

Hoy también me acordaré de ti.

Con cuánta frecuencia he tenido un pensamiento para ti, una sonrisa o un gesto en los que tú fuiste referente indiscutible.


Un día entraste en mi vida, sería la veneración de mi padre hacia ti, o la capacidad indiscutible que tu voz tenía de hacer gentes, o puede que fuera el hábito natural de estar en casa y tenerte cerca, en libros, en imágenes, tu voz.
Luego vinieron las respuestas, tenía tantas preguntas a las que de alguna forma respondías, tantas curiosidades infinitas en las que encontraba una respuesta y dos nuevas preguntas al leerte o al escucharte. Después llegaron mis nuevas habilidades, que de alguna forma tenías parte responsable de ellas, tener en mi habitación dos videos VHS que grababan durante determinadas horas y después realizar todo un montaje con las herramientas más básicas, sin nada más que los conocimientos adquiridos en el continuo ensayo y error, mi cámara de video, las horas persiguiendo la fauna más próxima de mi vida… el patio de casa, las lechuzas del secadero de tabaco, las larvas de luciérnaga brillando en mi mano, los mochuelos correteando en mis pasillos, los autillos subidos al borde de la chimenea, los cantos del cárabo en medio de la sierra, entender la vida, comprender el entorno, formar parte de él desde el respeto. Nunca tuve envidia, todo lo contrario. Fuiste el acicate, el empujón, salir al campo y ver las cosas con otros ojos, con tus ojos, saber que determinadas piezas en el ecosistema son eso, piezas de una máquina engrasada que nos empecinamos en trabar a cada momento, fuiste el primero en traer un concepto a mi vida que ha formado parte ineludible de mi existencia: la naturaleza y la necesidad de su conservación desde la lógica racional y con perspectiva de mañana, de futuro. Mi responsabilidad con el medio natural. El préstamo de la vida.
Fuiste la chispa, la energía, la elegancia, la fuerza, la pasión y el mensaje. Fuiste el sembrador, de tantas pequeñas semillas que ya germinaron y que dejan también su semilla en otros lugares.
A ti te debo el esfuerzo de aprender a hacer una web, la primera que construí para ti, cuando aún no sabía qué era esto de Internet, y claro, también a ti, te debo mi vocación, la biología, la zoología, y por supuesto el aprendizaje, a ti, que no tuve la oportunidad de conocer en persona, que no habría podido entender aun, porque era demasiado joven. Pero que he conocido en tantas horas de lectura, de escucha, en tantas personas que aún son tú, porque en ellas dejaste tu impronta, un trozo más de tu alma que sigue vagando libre, como lo fue siempre, cortando los cielos, como el peregrino, como el aullido solitario del lobo.
Hoy por supuesto también me acordaré de ti.



;P

Nota: recomiendo una pérdida de tiempo especial en estos enlaces:
Especial de 'El Mundo'
Fundación Félix Rodríguez de la Fuente
Adena: 30 años con Félix

Una eterna petición, la música de Antón García Abril, en mp3



3 cosas dichas:

X
14 de marzo de 2010, 15:17

Quué grande Félix. :-)

JuanRa Diablo
16 de marzo de 2010, 16:23

Y además de todo eso, lo bien que caía como persona en todos los hogares a los que se asomaba. Entonces la televisión aún tenía magia porque los programas eran más educativos y había más gente como él, que nos daba lo mejor de su trabajo y de sí mismo.

Excelente entrada.
Un recuerdo por Felix muy merecido

ALGA
19 de marzo de 2010, 10:58

Desde luego que sí.
Maestro de maestros
y grande entre los grandes.
Su legado traspasa los conocimientos,
porque va de la mano de la pasión y el amor.
Con todo el respeto y la admiración: un saludo, amigo Félix.

Publicar un comentario

 
¿Te ha gustado mochuelin.com?