jueves, 29 de abril de 2010

El mochuelo y el diablo

Iba el mochuelo volando torpemente por el bosque.
Digo torpemente porque para casi todo lo que tenía que ver con las cuestiones mecánico-físicas el mochuelo era torpe de solemnidad!!, (como todo buen mochuelo que se precie,) y allí estaba, el diablejo con el tridente en el suelo y la mirada en las musarañas, con un halo de tristeza en el fondo de esos ojos que siempre habían sido picarones, traviesos, con el rabo caído y las manos descansando sin ese nervio que las hacía rebeldes y ágiles. El mochuelo se posó en una rama, cerca de él, pero a la distancia prudencial; con un diablejo nunca se sabía, y además, como todo buen mochuelo, este era desconfiado y suspicaz:
-buenos días. -El diablo levantó la cabeza y enfiló al mochuelo - ¿Qué te pasa?
-Nada... -dejó caer las cejas tratando de mostrar una imagen dura y hostil- y a un pajarraco enano como tú... qué le importa?
-Pues para no pasarte nada tienes hasta el rojo desteñido, estás más hundido que el Titanic!, confiésalo, estás con el punto depre?
-Confesar?? depre?? un demonio del infierno ardiente??
-Puedes decir misa - el diablillo lo miró con muy mala cara, el mochuelo era torpe, lo he dicho, no? - pero sé que te pasa algo, otra cosa es que quieras contármelo.


El demonio hizo un ademán de levantarse, pero se giró en la piedra que había elegido de asiento, y frunció el labio, el mochuelo, se estiró las plumas, disimuló la espera y no se sorprendió cuando lo escuchó hablar:
-pues mira, sí,... debe ser la asquerosa primavera, me apaga!! -Una sonrisa de medio lado apareció tras la mirada amarilla del pájaro- No me siento con ganas de nada, todo me sale mal, tengo pensamientos positivos, quiero decir, que me apetece hacer el bien!, apagar la caldera, salir de la cueva y dejar escapar las almas!!, un desastre, además, el jefe me ha dado el ultimatum, o recupero mi ánimo de siempre o me pone en la calle, me entrega una túnica blanca y de dos coces me lanza al cielo!! y eso aún me deprime más, mucho más! te lo imaginas?, con el harpa esa dorada a juego con el pelo, de nube en nube... nada más de pensarlo se me eriza la crin!
El mochuelo estaba acicalándose las plumas, haciendo como que no prestaba atención, pero no era así, dando una sacudida se estiró y comenzó a hablar:
-te regalo una historia.
-Una historia?
-Sí, un cuento, una leyenda, una fábula, una parábola, un relat...
-SÍIII, ya sé lo que es una historia!!!! Vale, que pesadilla con plumas!
-Pues escucha – Y aclarándose la vocecilla comenzó:
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.


Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total…
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por lo tanto, lo trataba como si fuera de la familia.
El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó.
Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. – el rey lo miró pasmado.- Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje; – el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey.-Pero no lo leas – le dijo – mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida, y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia adelante y no había ningún otro camino…
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”.
Mientras leía “ESTO TAMBIÉN PASARÁ” sintió que se cernía sobre él un gran silencio.
Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido.
Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes…, y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
- ¿ Qué quieres decir? – preguntó el rey -. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.


- Escucha, – dijo el anciano – este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, habían desaparecido.
El rey pudo terminar de comprender el mensaje.
Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
- Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.


El mochuelo miró al diablillo que se había girado para escuchar con atención la historia:
-Te la regalo, guárdala en el serrín ese bajo los cuernos, porque ahora tienes tu anillo.
El diablo lo miró con rabia, y con los labios apretados, agarró su tridente y se puso de pie:
-Qué tontería!!, menuda estupidez, no entiendo como piensas ayudarme así, además, no necesito nada, sólo he subido para llevarme carbón para las calderas y tentar a un par de almas, no me hagas perder más tiempo con estas tonterías!!
Y girando sobre sus talones le dio la espalda:
-Hum, ya veo que te vas recuperando… me parece que sí, que te ha valido. Que pases un buen día… oh, perdón que sea mejor un mal día!
Y riéndose elevó el vuelo, hizo un extraño giro y tuvo que esquivar un matorral con el que se arañó en la salida, poco espectacular, pero qué vamos a esperar de un mochuelo?
El diablejo miró al suelo y musitó inaudiblemente:
-Gracias pajarraco…
Y se le dibujó una sonrisa de perversión muy suya cuando inició su marcha.



;P

3 cosas dichas:

X
29 de abril de 2010, 2:44

Genial. :-)

JuanRa Diablo
29 de abril de 2010, 14:02

Y yo que pensaba que los mochuelos eran pequeñajos y resultas ser grande grande!! :)
Esta entrada me la guardo para mí y te doy un millón de gracias por todo lo que en ella dices.
Gracias pajarraco!

ALGA
30 de abril de 2010, 2:49

...mmm fabulosa!

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