martes, 6 de abril de 2010

Rememberes: la azarosa vida de investigación de las anguilas, sus extrañezas, reflexiones sobre su origen y acontecimientos relativos a su manejo.

Anguila: Pez teleósteo, fisóstomo, sin aletas abdominales, de cuerpo largo, cilíndrico, y que llega a medir un metro. Su carne es comestible. Vive en los ríos, pero cuando sus órganos sexuales llegan a la plenitud de su desarrollo, desciende por los ríos y entra en el mar para efectuar su reproducción en determinado lugar del océano Atlántico (?¿?). Mi propia definición: cosa, que parece un pez y acaba siendo una culebra babosa, que debió ser dejada en la tierra por los marcianos como prueba irrefutable de su presencia.


Creo que corrían los finales de los noventa cuando me embarcaron (sin muchas vueltas), en el equipo de investigación de las anguilas, realmente mi papel era el de dedicarme a las labores no cualificadas de la investigación e ir aprendiendo: esto es, sin tanta finura: limpiar los tanques, lavar utensilios, estar pendiente de hornos y estufas, mezclar, agitar y ser responsable (y culpable) de todas las calamidades técnicas que ocurrieran, he descrito la vida de un investigador en ciernes. La investigación era sobre las anguilas, hábitos, alimentación, piensos, crianza en acuicultivos. La llegada de estos seres fue un acontecimiento memorable, se depositaron en su tanque, acondicionado para su estancia, todos nos aproximamos a ver aquellas culebras (porque eso eran, serpientes culebreras con cuerpo sin escamas), yo me quedé en un segundo plano, mientras profesores-investigadores del departamento, alumnos de mayor rango y el señor cátedro, se amontonaban alrededor del cristal, y yo, triste escobilla del baño, no podía ni verlas de cerca (claro que ya me cansaría de tenerlas muy próximas), fue en ese momento, cuando la eminencia departamental (o sea el catedrático) dijo apartándose del borde del tanque:
-Uff!!, son eléctricas?
Nos miramos todos, alguien le contestó:
-No Manolo, no, estas son de ahí, de Valencia, no son eléctricas.
Y volvimos a verlas, tan fantásticas ellas, recorriendo la superficie del agua como si patinaran… cuando el señor catedrático volvió a preguntar apartándose del tanque y frotándose la mano:
-Jooo!!... de verdad no son eléctricas?
De nuevo miradas de confusión, algunas para mí que nada tenía ni que decir, ni que hacer:
-No, Manolo, son normalitas, de estas de ahí de la albufera de Valencia, las eléctricas son sudamericanas, estas…
Y diciendo aquello se aproxima a Manolo, que se le cambia el semblante, se agarra a este profesor y ambos gritan en un milisegundo con el pelo de punta. Sí señores, el tanque estaba comunicado, un cable que alimentaba la luz y filtros emitía corriente por el borde metálico, en el que el catedrático apoyaba sus manitas y recibía unos voltios nada recomendables. Y ya empezamos a pensar que aquellos animalillos habían entrado con mal pie.

Pero la sospechas se confirmaron día a día. Nada más llegar al laboratorio, mi primera misión consistía en recoger las anguilas, haya donde se encontraran, siempre fuera del tanque de agua, cómo se salían?, lo desconozco, si en aquella época hubiera dispuesto de un sistema de videovigilancia lo habría usado con ellas, pero era todo un misterio, estaban siempre por los rincones, bajo las mesas, enrolladas a las patas de las sillas, llenas de pelusas, su papel de mopas era indiscutible, yo me ponía unos guantes de esos rosas de fregar, con los que no se resbalaban, porque nada más cogerlas se metían por las mangas (aunque estuvieran abrochadas) y pasaban al interior de tu ropa… interior. Las lavaba bajo el grifo, estaban rebozadas en polvo, papelillos, pelusas y las volvía a depositar en el tanque. Les regañaba, pero no parecía causarles impresión alguna. La primera dificultad se planteó en su medida, queríamos medir su longitud, para iniciar la investigación y partir de datos!!, pero cuando las cogías, como he explicado, se deslizaban rápidamente a esos sitios en los que no te apetece tener un ser vivo, aun menos baboso y frío. Nos solíamos retorcer más que ellas cuando éramos poseídos… no había manera de dejarlas en la mesa, estirar un metro y decir la medida. Entonces se nos ocurrió someterlas a todo tipo de cosas… y averiguamos cómo lograrlo, para eso creamos una pequeña cubeta alargada con dos electrodos en los extremos, al soltar la anguila en esta cubeta, conectábamos el interruptor, y mientras eran electrocutadas se mantenían como una vara, las medíamos, desconectábamos y de nuevo las regresábamos a su tanque, sencillo, no? Creo que no sufrían, o aparentemente no parecía que les afectara, ni eso, ni nada!!, para algunos que ahora mismo estén pensando en el mal que les causábamos a las anguilas, contaré que su sangre, roja, es un líquido viscoso, que si te cae en la piel te la levanta, no es como una gota de ácido, no, pero recuerda mucho a aquella película… ah, sí, Alien!, realizan una migración en profundidad que aún no se conoce al detalle, pasan del agua dulce a la salada, con el cambio metabólico que eso supone, como si no fuera con ellas, y su adaptación a estar fuera del agua te hace pensar que son realmente animales de otro planeta. Y lo son.
Una de las pruebas consistía en averiguar su resistencia al ayuno. Metimos cien anguilas, no sin trabajo, en un tanque sellado, antes de eso se pesaron, todas, en una balanza de estas de pescadería, en seis pesadas, para tener un error mínimo. Estuvieron en el tanque, sellado, sin alimentación alguna unos 80 días. Tras eso, las sacamos, con el mismo o más trabajo que las habíamos metido, las pesamos, pesaban más, respuesta lógica: se han comido unos ejemplares a otros. Mochuelo: cuéntalas.
Y allí estaba yo, una tras otra, y llegaba al final: 100.
No puede ser, pesamos de nuevo, pesan más, repite, y así se hacía, ahora con ayuda, porque no era posible, y allí estaba: 100!! Cómo era posible? Cómo??, quien había alimentado a las anguilas para joder los resultados?? Quien??.
Nadie respondió, en lugar de eso se escuchaban las risillas de aquellos bichos alienígenas.

Y llegó el día, el día del final de toooodos los experimentos, que habían sido muchos y muy diversos, desde radiación hasta ataques de bacterias y otras lindezas. Los animales de laboratorio suelen ser sacrificados al final de los experimentos, por varias razones, entre otras porque pueden ser focos peligrosos para otros seres vivos, porque pueden portar patógenos serios, y porque sus órganos suelen ser analizados como final de investigación y para eso hay que sacrificarlos, una anguila no te escupe el hígado por mucho que se lo pidas con dulzura.
Con peces, trabajo para el cuál teníamos más tablas y conocimientos, basta con poner anestésico líquido en el tanque y dejar que pasen a un profundo sueño, del que ya no despiertan. La muerte no es agradable para nadie, pero puestos a elegir, creo que esta es la manera menos traumática, los investigadores no disfrutamos con esto y nos preocupamos, aunque muchos no lo crean, de hacerlo lo mejor que podemos y de evitar cualquier sufrimiento.
Era una mañana de viernes, temprano, me puse la bata y deposité medio bote de anestésico en el tanque. Me fui a preparar los útiles de disección, bolsas, guantes… y lancé una mirada al tanque, las anguilas navegaban como locas con sus cabezas fueras, tipo monstruo de lago Ness, volví a su lado y empujaba las cabezas de las anguilas al interior del agua, salían mientras yo las empujaba y les rogaba que se metieran DENTRO del agua, su medio natural, o eso decían los libros. Eché más anestesia, seguí empujándolas, insistí mucho tiempo, hasta que noté como los vapores que el agua soltaba me mareaban… demasiada anestesia. Entonces había que pasar a métodos más contundentes, pero que nos dejaran los órganos intactos para su análisis, de descarta el uso de bazookas o incineración… Si alguna vez hemos tenido que sacrificar un pez, y no hemos contado con la anestesia, pues no lo dejamos boqueando sobre la mesa, eso es terrible y extremadamente cruel, lo normal es darle un golpe seco en el borde de la mesa y todo acaba deprisa. También así sacrifican los conejos muchas abuelas de pueblo. Pero cómo se atrapa una anguila en tu mano, la golpeas y no te dejas los nudillos cuando ella ya está metida en tu ombligo o zonas más sureñas?? Lo intentamos, muchas veces, muchísimas, no hubo ni una sola baja en sus filas, mientras nuestras manos estaban en peores condiciones. Las metimos en una bolsa sellada, varias horas. Regresamos, seguían tan campantes. Golpeamos la bolsa, sin resultados. A las dos de la tarde del viernes no habíamos conseguido sacrificar ni una sola, ni una!!, la compañera estaba con las lágrimas a flor de párpado, como tantas veces en esa investigación del demonio que nos iba a dejar una huella indeleble a todo el equipo. Entonces se le iluminó la cara, las metió en bolsas de nuevo, cosa que nos costó una hora, y las depositó en el congelador.
-El lunes será el gran día.
Y con una sonrisa nos fuimos de fin de semana, sin anguilas, o sea, un fin de semana feliz.

El lunes llegué con la mala cara normal de ‘lunesalasochodelamañanaquelemundoenteromedejenepaz’, bajé a los sótanos, o catacumbas de investigación de mi facultad, cogí mi bata, y mientras me abotonaba pensé que debía ir sacando las bolsas para que se fueran descongelando y así podríamos diseccionar en unas horas, porque eran piedras. Así lo hice, al mismo tiempo, decidí avanzar algo con temas de estadística y preparar la lista de materiales que necesitaríamos los próximos días para las técnicas que teníamos que hacer. Me fui a la cafetería, una coca cola, sí, como siempre, me acerqué por alguna clase y a las cuatro o cinco horas volví al laboratorio para empezar a diseccionar. La compañera investigadora estaba en la entrada, me dijo si lo había preparado todo, sí, claro.
Entramos y nos acercamos a las mesas, las bolsas, estaban allí, pero se movían. Se movían con sus serpientes babosas en su interior, con las asqeurosas hijas de puta de las anguilas, de fiesta, bailando al conga y haciéndonos cortes de manga: estaban allí.

Vivas.

Creo que me senté, con la mirada abatida al horizonte. La compañera estaba intentando respirar de nuevo, la impresión la tenía paralizadilla, no sé si alguna conseguimos articular algo con sentido, nos recuperamos. Recogimos las bolsas, volvieron al congelador, recuerdo que maldecíamos mientras las enterrábamos en las profundidades gélidas, yo sólo pensaba, o se mueren o nos matan.

Final: pues sí, se murieron, estuvieron diez días en congelador, murieron en algún momento, no se muy bien si pocos minutos antes de su salida del polo Norte, los resultados de aquella tesis eran para llorar, tan absolutamente increíbles que muchas más tesis tendrían que hacerse para conseguir saber algo en serio de estos animales, seres que son de Marte, o de Urano, pero de aquí, NO! de aquí NO!!


;P


3 cosas dichas:

JuanRa Diablo
9 de abril de 2010, 15:14

MochuELIn, me dejas petrificado.
¡¡¡Qué fuerte!!!!! Creo que nunca he comido anguilas, pero si surge la ocasión me lo voy a pensar. Y mucho!! ¿Acaso son diosas inmortales y vivimos en la inopia sin saberlo? ¿Serán el eslabón perdido entre los humanos y los alienígenas? ¿Qué coño de bicho super superviviente es ese?

Me lo he tomado a risa pero analizándolo con seriedad has escrito el guión de una peli de terror. Me imagino abriendo el congelador y saltando todas a colarse por mi ombligo y devorarme por dentro a la voz de "maldito, nos hemos quedao con tu caraaa"

No quiero ni pensar lo que serán capaces de hacer sus primas, las eléctricas. :O

Un saludo acojonado

JuanRa Diablo
9 de abril de 2010, 16:02

He encontrado un blog que pienso que te gustará

http://animalesraros-xavi.blogspot.com/

Anónimo dijo...
15 de abril de 2010, 18:30

MochuElin,he llegado hasta tí por recomendación de mi hermano el diablo.He alucinado con tu historia y ahora estoy cagada de miedo.¿Cómo es posible?
Me has dejado con la intríngulis de leer más sobre estos bichos babosos,asquerosos e inmortales.
Siempre me ha llamado muco la atención en las pescaderías,cuando alguien ha pedido anguilas,que a pesar de que el pescatero la corte en mil pedazos,los pedazos siguen moviéndose durante un tiempo considerable.
Buaj! No creo que las prebe en mi vida.

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