viernes, 25 de junio de 2010

Rememberes: Un mochuelo con lentillas 2.

Sí, llevo lentillas, de vez en cuando, y como todo lo que pasa por mi, debe superar mis momentos torperiles de infinito nivel.

Fueron muchas las experiencias con lentillas que tuve y que no descarto seguir teniendo. Recuerdo que había un sistema de limpieza consistente en tres pocillos, pocillo con líquido ácido, otro con una acidez inferior y el último, un aclarador, el orden era fácil y sencillo, el sistema realmente simple. Pero a las siete de la mañana, cuando todo se mueve en la ingravidez de las sensaciones, yo invertía el orden del sistema y pasaba la lentilla del aclarante, al medio más ácido y luego al más corrosivo y de ahí a mi ojo. Y gritaba retorciéndome de dolor.

Son muchas las veces que me he dormido con las lentillas puestas y a la mañana siguiente he amanecido viendo en perfectas condiciones, pero con los ojos como los vampiros.
Otras he olvidado los líquidos de limpieza, he dejado, toda una noche, las lentillas en agua, en el vasito del baño del hotel, a la mañana siguiente la colocación ha sido una de las experiencias más dolorosas de mi vida.
En otro momento las lentillas se quedaron sin líquido y se convirtieron en dos patatas fritas tiesas. Una rehidratación posterior salvó a una de ellas, la otra fue despedida con un solo de cisterna en el váter.

Jamás he limpiado una lentilla en la boca, como he visto hacer a miles de personas, y he sufrido la sensación de tener un rayador de pan encima del ojo disfrutando del desierto y con toda la arena del mismo pegada a mis dos tapas de alcantarilla.
He llegado a perder una lentilla en la cocina del piso de estudiantes de unos colegas en un ataque de risa descomunal y en una batida de búsqueda hemos encontrado todo tipo de escamas de pescado, plásticos, restos orgánicos e inorgánicos, de aquí y de otros planetas y la lentilla apareció pegada en mi jersey como un pin. Nuevo ataque de risa.
He abusado de las lentillas como todo aquel que lleva, digan lo que digan, y por eso, en una de ellas apareció un hongo, era más bien una seta, consistente en una protuberancia rojiza que me raspaba el ojo cada vez que lo cerraba. Consecuencia: una úlcera en el ojo, resultado: un año sin usar lentillas.
Ahora me las pongo de vez en cuando, hasta que vuelvo a abusar de ellas, y las llevo, no ocho horas como recomiendan, sino veintiocho, es entonces cuando se convierten en dos tachuelas transparentes.

No puedo negar que son uno de los grandes inventos que tengo, y que recomendaré a todo el mundo su uso, otra cosa es el nivel de patosería que puedan llegar a tener, en mi caso es altísimo, a pesar de todo, se puede. Demostrado, mañana me las pongo, hasta más ver.
;P

5 cosas dichas:

X
25 de junio de 2010, 20:04

Nunca mejor dicho, hasta más no-ver. :P

JuanRa Diablo
27 de junio de 2010, 0:25

Osea que has hecho todas las combinaciones de barbaridades posibles con una lentilla, no? :D Sólo te falta tragarte una con la leche del desayuno!
Yo no tuve tanta tolerancia como pareces tener tú y finalmente una conjuntivitis me hizo desisitir de ellas. Lo de meterme una en el ojo tras enjuagarla en el líquido ácido... uff, lo viví, sé a qué te refieres.

Un saludo :)

Lady Faisca
29 de junio de 2010, 11:43

Mi última vivencia con lentillas fue por culpa de
una farmacéutica inútil. Lo que me vendió se cargó mis lentillas el mismo día de un examen. Oh si, qué felicidad eso de ser miope y tener que cojer dos autobuses sin ver nada.

Me voy a perder el tiempo... ;)

Laura
29 de julio de 2010, 19:34

no se como todavía no t has quedado sin ojos, pobrecitos, tienen q gritar asustados cada vez q t acerques con una lentilla.
je je je

ALGA
28 de septiembre de 2010, 20:46

¿Para cuándo un nuevo post?
Esto no puede ser Mochu,
sin tus historietas me aburro "Muchu"
Vuelve a escribirnos algo...

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