jueves, 24 de junio de 2010

Rememberes: Un mochuelo con lentillas

Ya sabéis por otras entradas que tengo gafas, en general porque aportan un punto de intelectualidad especial, porque aumentan los niveles de sofisticación sin límite y porque la elegancia natural, el porte, se engrandecen con este utensilio.
Jajajaja! Bueno, esos son los argumentos de cualquier miope, en realidad llevo gafas porque veo menos que un ‘pescao’ frito (que si pescado ve poco, frito es ya la repera). Pero llegó el momento de agotarme y un día, un gran día decidí que las lentillas serían el final de mis problemas… enorme error, claro.
Conseguí convencer a madre de la necesidad perentoria de hacerme con esas cosas transparentes y acabar con el constante acarreo de llevar las gafas. He practicado deporte siempre, correr, saltar, y especialmente jugar al baloncesto en ligas escolares es casi como practicar lucha libre con otras reglas, y con una pelota, os aseguro que llevar gafas no ayuda nada de nada. Se me han perdido muchas veces, otras se han descuajaringado, a trozos, una de las roturas más impresionantes la protagonicé en un laboratorio, estaba yo en primero, laboratorio de microbiología debería ser, me giré, un movimiento muy mal calculado (como casi todos mis movimientos, claro) fui a mirar por el ocular del microscopio, con la energía de descubrir la nueva bacteria del siglo : mochuelaria sp., giro, golpe con el ocular, un crack y un ¡joder!... fin de las gafas, pequeño moratón en el ojo y bronca en casa. Otra vez, estando en clase de sistemas operativos, las gafas deberían estar tan aburridas como yo, y un cristal se cayó al suelo!! Desintegrándose como era de esperar, ¡¡joder otra vez!!.
Madre accedió, y yo, en mi moto supersónica me fui a la óptica a por aquella maravilla del avance oftalmológico. Me midieron las dioptrías, andaría por 2 y 3 aproximadamente en cada ojo, asimetrías una vez más, ya voy por 4 y 5, continúan las asimetrías y es que ya soy más mayor y más de todo.
Bueno, la chica, muy amable, me explicó claramente cómo debía colocármelas, me pareció imposible, aquello era demasiado… lloroso. A ver, para que no haya dudas de lo que estoy diciendo, si una persona se dirige a mi con un pequeño derrame en su ojo, yo al verlo, lloro, si a alguien se le están metiendo las pestañas en los ojos y yo lo veo al hablarle, yo irremediablemente lloro, si intento rizarme las pestañas, con un cuidado absoluto, yo lloro, si en mi entorno hay una cebolla cruda, que desprenda ese aroma tan peculiar suyo, yo lloro y además sin parar, si me ataca una risa de esas que me hace casi desmayarme, las lagrimas corren como ríos por mi cara, si alguna vez he aproximado algún maquillaje, por suave, hipoalérgico y fantástico que resulte, yo he llorado, como una campeona… las lentillas son: LLOROSAS para mí. Pero lo superaría, la decisión estaba tomada, y la dependienta debió entenderlo, como comprendió mi incapacidad para aquella primera vez, y me colocó ella esas dos cosas transparentes, que ocupaban mis ojos sin sujección alguna, como recortes de un condón:

-date una vuelta y regresa en una hora, a ver cómo te van
-perfecto
Y con la alegría de ver sin llevar nada sobre la nariz me paseé por el recientemente creado Parque García Lorca. Aquello, en esos momentos de inicio como parque, era un vivero de rosales más que un lugar con un diseño paisajístico y de jardinería bien pensado, pero para mí era el paraíso, ese día de sol, la tranquilidad de disponer de una hora de paseo, la calma y sobre todo la vista!!, aquello era simplemente genial, me apetecía acercarme a la primera señora alimentadora de pájaros y palomas y decirle: ‘señora, déjese un momento las palomas porque esto es soberbio: llevo dos redondelitos de condón transparentes pegados de manera mágica a los ojos y veo!!’, me deleité en los colores, en las fragancias, en la lectura de todos y cada uno de los carteles que se podían columbrar desde mi posición, deje pasear los ojos por cada hoja, por los colores, los movimientos, rondar con la mirada las caras, distinguir gestos y personas, discernir en lejanías impensables sin las odiosas antiparras, ah! eso era vida. Entonces miré el reloj:
-OH NOOOOO!!!
El día se volvió gris de repente, el color de las cosas a mi alrededor desapareció, las señoras de las palomas se convirtieron en cóvidos de pico curvo, el mundo se desmoronó a trozos, mientras una voz interior llorosa (embarracada misma) gritó en silencio:
-no veo de cerca…
¡¡¡¿¿¿¿Cómo me podía pasar esto a mí????!!!, todo el mundo lleva lentillas y parece que ven de cerca y de lejos!!, y yo, entre toda la población mundial, yo, era la primera persona que no vería nada de cerca


N A D A.

Relajémosnos, respira, no importa, a ver, tan importante es ver de cerca??, humm, pues no, no, a ver, no vas a poder coger apuntes en clase, bien, prescindiremos de ellos, grabaré todas las clases en cintas de casette y estudiaré directamente de ahí (no, señores el concepto mp3 es más posterior, unos años aun), pero tampoco vas a poder leer, tampoco es problema, reservaré un par de horas al día, me quitaré las lentillas y leeré en esas horas, pero si algo cae en tus manos… cómo leerás un mapa? Un bonobús para saber si está usado?, no te agobies, los mapas por mucho que te pongas te valen de mantel (dada la capacidad orientativa que tengo) y podremos prescindir del autobús, para eso tienes moto! Y si llueve, pues andando, y cómo haré para comer?, para atarme un zapato? Y no veré las chuletas para intentar copiarme!! Esto es el fin de mi vida académica, el fin absoluto y sin remisión de mi futuro laboral, las lentillas han obnubilado por completo mi brillante futuro, zorras!… Pero… eres idiota??!! No, no lo soy!! Yo es que quiero usar lentillas, joo! Toda esa miel en los labios para arrancarmela de golpe.
No, no pude ver la hora, el reloj era una nebulosa ilegible, con el corazón encogido regresé a la óptica, intentaría, de camino, ver si había algún sicólogo para aliviar aquella depresión que me atenazaba el alma entera, ya nada parecía tener ese brillo que caía como un manto en el parque, todo era una especie de confabulación contra mí. De vez en cuando volvía a mirar aquel maldito reloj, sin éxito. A mi entrada arrastrando el ánimo y con esa expresión de dibujo animado arrugándose, tan característica mía, le dije a la chica que se vino con aquella sonrisa perenne hacia mí:
-No veo de cerca, nada, no veo un huevo de cerca, no sé que hora es!!, no veo nada… todo borroso.
Y cuando yo iniciaba la caída libre a su hombro, sobre el que llorar hipando sin parar, horas y horas, días enteros si era necesario, inundando de lágrimas imparables el local, en ese justo momento ella habló:
-ahh! Pero eso es normal, cuando lleves las lentillas puestas un par de horas tus ojos se adaptarán y veras perfectamente de cerca.
La sonrisa. Plena. Entera. Conocéis esas sonrisas de los niños chicos cuando se les entrega ese globo o esa chuche que han pataleado por ella?, pues nada que ver, la mía era más grande y radiante:
-de verdad?? Eso es así?
-claro, claro, no debes preocuparte, ahora pasa que vea si tienes alguna irritación en los ojos y miro como toleras las lentillas.
Creo que me llevó en volandas, porque yo estaba aún flotando en esas palabras recientemente pronunciadas por ella: ‘tus ojos se adaptarán’.
Me estaba frotando los ojos aún, después de haberlos tenido sometidos a una luz como de linterna, mientras ella miraba por una especie de microscopio:
-Exceptuando que tienes el iris un poco pequeño y que las lentillas se te pueden desplazar un poco, no tienes problema alguno para usarlas, te las llevas?
-veré de cerca y de lejos?.
-Sí, sin problemas.
-Me las llevo pues.




Pasaron semanas mientras las lentillas vivían en esa cajita suya, con un corazoncito en un pocillo y un vacío en el otro, como guiñándome, yo las abría cada día, las miraba y ellas me miraban, pero no me veía con la entereza y valentía suficiente para ponérmelas, lo intenté, con decisión y coraje, pero lloré un buen rato, de molestia y de rabia, y no lo conseguí. Madre preguntaba a diario si ese iba a ser el día señalado para que me las pusiera, el gran día… necesito tiempo, por favor. Es que nadie puede entender la dificultad que implica este protocolo tan complejo de colocarte dos redondelitos de condón transparentes en mis propios ojos que no conocen otra cosa que no sean gafas??
Y ya sea porque la insistencia empezó a ser insoportable (madre puede ser mortal con algo) o porque en mi interior sabía que aquello tenía que ocurrir algún día, reuní todo mi poco valor y con mucha tranquilidad y calma, y las manos muy limpias, delante de un espejo, en mi habitación, con alguna de mis músicas eclécticas como banda sonora de ese momento (gran momento), me coloqué una lentilla, en cuestión de segundos!!, pero por favor, si esto es facilísimo, eres realmente cobarde!!, ah, pero la segunda, por favor, qué tortura, se pegaba a mi dedo, resbalaba de la yema al ojo para volver a mi mano, se giraba en la fomra convexa y no conseguía que cayera en el interior del ojo, la dejaba en su líquido, me miraba el ojo, rojo como un tomate, con las venas como una retícula marcada, y de nuevo volvía a intentarlo, con las lágrimas cayendo sin parar… insistí y al final la coloqué, por la técnica conocida como: aburrimiendo del procedimiento.
Me fui a la Facultad en moto, a una velocidad variable entre muy rápido y supersónica, no sé ir en moto de otro modo, si has de ir exponiendo tu cuerpo serrano y pasando frío o calor, al menos vayamos deprisa, mucho.
Al llegar, esperando en el pasillo, me percataba de la grandeza de llevar lentillas, miraba al fondo del pasillo, giraba la cabeza, no había nadie, se me había hecho pronto, como muchas veces y no desayuno hasta más tarde, así que sólo me quedaba contemplarlo todo desde detrás de mis ojos enlentillados, pero… un momento, hum, guiñé un ojo, sí, ese cartel lo leo perfectamente, sí, cambio de ojo, pero, no, no... un momneto… uff, con el izquierdo, no, no lo veo. Un golpe cardiaco, eso era lo peor, una lentilla no funcionaba, pero por qué?... Dios, la he perdido!!, el primer día y la pierdo, claro, como no, mientras pruebas y más pruebas de guiños, todo el que pasó delante de mí podía pensar que estaba ligándomelo y yo estaba en mi ‘jamacuco’ particular. Tambaleándome decidí ir al baño para comprobar en el espejo la desgracia en su definición absoluta. Es que has ido muy deprisa en la moto!! Deberías haber usado los párpados a modo de protección para las pobres lentillas, ir como los chinos? Pues sí, que pareces gili. Y a ver cómo lo cuento en casa, pues la velocidad, la lentilla, salió volando, no, no sé muy bien en qué punto de los 4 kilómetros de distancia que recorro ha podido caerse, bueno, puedo buscarla, pero antes ahorraré para comprarme otra nueva, o incluso diez… ofú!
Me miré al espejo, definitivamente no estaba, no, el ojo rojo como una amapola, y la muy zorra había salido volando, sin encomendarse a nadie: ‘mire que no me adapto a su ojo, que yo me voy a vivir mi propia vida de lentilla, que huyo alocada porque a mí es que no me combina bien el color de sus ojos con mis intenciones y realizaciones vitales…’ ‘ya, si la entiendo, pero es que usted es mía, no sé si me explico, que yo la he pagado, usted, lentilla izquierda, me pertenece’, ‘claro, pero yo, no me adapto, la salinidad de su lagrima no me encaja en mis planes y me voy. Adiós’. Y allí me quedé yo, sin conversación siquiera, encima ya, con esa patada a mi maltrecha sensación de uso de lentillas, estaba perdiéndome la primera clase. Y me froté el párpado, más como un movimiento reflejo que como otra cosa, apoyándome en el filo del lavabo a modo de asiento improvisado y entonces noté algo… me giré, miré al espejo y mágicamente una cosa plegada por dos veces sobre si misma, caía desde el interior de mi párpado superior, se desplazaba por la superficie de mi ojo y se dejaba ver de nuevo, la lentilla perdida aparecía, era un gesto solo de timidez, se había replegado asustada por esa primera vez, qué modosa y candida ella. Y volvía a mí avergonzada por ese acto, haciéndome llorar, pero esta vez de alegría.


Tubi continied
;P

2 cosas dichas:

JuanRa Diablo
24 de junio de 2010, 15:31

Grandioso!! XD

El momento felicidad en el parque es de anuncio de perfume, jajaja y la conversación con la díscola lentilla izquierda que creías que había huido de tu ojo... sin comentarios!

También yo tuve mi época de gafas (siempre torcidas a lo Jerry Lewis) y de lentillas que se perdían, arrugaban y ponían ojos a la virulé... Horroroso. Un día dí una patada a todo y me operé de miopía.

Espero ansioso De continueision, jua, jua.

X
25 de junio de 2010, 10:52

Jajajajaja, ¿cómo acabará? ¡Creo que las lentillas han hecho por ti más que tú por ellas!

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