lunes, 11 de octubre de 2010

Rememberes: experiencias piragüeras I

En general me suelen decir que valgo para muchas cosas, que soy una máquina, pero una sonrisa (interior) me recuerda que hay algunas cosas para las que el Universo no me ha dotado. Una que recuerdo ahora mismo es el piragüismo.


Nunca pensé practicar este noble deporte, pero las circunstancias me condujeron (irremediablemente) a su acercamiento. Estaba en un campamento de windsurf, contaría con una considerable juventud desaforada y una edad del pavo notable para confirmarlo. Junto con el deporte del windsurf había otras actividades acuáticas que se realizaban en las frías mañanas en el pantano, una de ellas era la piragua. La monitora nos contó que esas extrañas barcas en realidad se llamaban kayacs, porque así se denominaban a esas extrañas naves que estaban completamente cerradas menos una abertura, y que las de dos plazas no se llamaban biplazas sino K2, como la montaña asesina, la cosa ya empezaba a no gustarme... También nos explicó que no debíamos NUNCA, bajo ningún concepto, meternos en el kayac estando en el agua, porque debido a su material de construcción, en fibra de vidrio, se partiría sin piedad, nos estábamos ataviando con los correspondientes chalecos salvavidas, mojados y apestosos, cuando nos explicó que íbamos a montarnos en la orilla, con cuidado, remar y caernos, puesto que eso sería lo que nos ocurriera con más frecuencia, así que era importante saber cómo caer, con elegancia, importante seguir los pasos, caer, deslizándonos grácilmente de la barquilla, mantener la calma, dar unos golpecitos estirando el brazo, como el que llama a una puerta, para hacer saber a los de arriba que estábamos bien y después remolcar, a nado, el kayac hasta la orilla, porque no podíamos montarnos en el agua, si lo intentábamos con el agua en su interior se partiría!!. Bien, estaba clarísimo cristalino, como las aguas fétidas a las que me iba a bogar.
Tras estas instrucciones elegí una de aquellas barcas finas y alargadas, una roja de puntas redondeadas, me pareció que recogía la línea más hidrodinámica con una anchura mayor que las otras que parecían un tallarín de colores, la puse en la orilla y apoyándome en el remo, como nos indicaron, me metí dentro, y un compa me empujó, las piernas las llevaba encogidas para hacer que, con la presión de las rodillas, el efecto palanca me asegurara un poco más a esa endeble construcción que flotaba con un tembleque extraño, entonces empujé con el remo y me hice, con determinación, a la mar, en realidad al pantano cenagoso, lleno de vidrios y basuras incunables en sus fondos. Remé, y aquella cosa se fue en un viraje a la derecha, volví a remar, con fuerza en el lado derecho, con lo cual sufrí un nuevo viraje a la izquierda, nueva remada, esta vez compensando por la izquierda, nuevo giro y me sitúo mirando de nuevo a la derecha, me detuve a pensar, si acaso unos segundos, no suelo pensar en momentos de estrés, es perder el tiempo, así que lo volví a intentar, quizá no estaba llevando una cadencia armónica en las paladas??, podría ser que no acometía con la fuerza equilibrada los empellones en las remadas?, volví al ataque, y de nuevo un giro sin piedad a la izquierda, insistí y de nuevo me encontré mirando hacia la derecha, en esta sinuosa ruta estaba yo, sin querer volver la vista atrás, a la alejada orilla para no ver la estela con más curvas que la mansión de Playboy, cuando consideré que ya había alcanzado la distancia adecuada para tirarme y practicar la caída, como nos acababa de pedir la monitora que nos vigilaba desde la orilla, la escuchaba chillar, debíamos ser unos 20 kayistas (o callos malayos, porque yo, al menos, estaba dejando un poco que desear), sudaba con el esfuerzo, así que tomé aire, apoyé el remo sobre la superficie de la barca y con fuerza lancé mi hombro al agua para entrar y dejarme caer como una sirena.
Y entonces: Ploc!!
Me golpeé en el fondo y volví a la superficie deshaciendo el medio giro que acababa de hacer.
La situación era la siguiente, el fango apestoso resbalaba desde mi cabeza a mi cara, estaba con un nivel de atontamiento importante, me había entrado agua en los oídos y me había golpeado, doblándome el cuello.
Entonces miré la asquerosa barca, estaba llena de agua!! A rebosar. Oh-oh…. Y solté un grito de pánico, en aquella ‘kayac-bañera’.
Ese día me rescató la monitora y me explicó que yo me saltaba el ejercicio de caer, que yo no hiciera ese ejercicio, que ya estaba bien por ese día de kayac y que me fuera a hacer otra cosa.
Al día siguiente tocaba otra vez piragüismo, intenté zafarme de la clase, la razón que di es que no había hecho la digestión, la monitora me dijo que no tenía que mojarme nada de nada, así que no coló. Ese día el ejercicio consistía en remar tras la monitora.
Nos montamos todos en las piraguas, como patitos detrás de la señora madre pata, muy obedientes.
Entonces ella dijo: ‘Seguidme’, como una voz a la tropa, una arenga perfecta, un grito liberador… y todo el mundo se incorporó a su estela fugaz, elevando y bajando las palas como una orquesta engrasada, un ballet magistral…
Bueno, todo el mundo no, nos quedamos tres petardos atrás que fuimos incapaces de seguirla. Nos enmarañamos en un golpeteo de kayacs y remos, en una espiral de giros eternos y gritos de desesperación, haciendo círculos o, en el mejor de los casos, eses perfectas. Y yendo exactamente en la dirección contraria al resto del personal.
Al cabo de una hora de intentar desaforadamente ir con el resto, la zodiac de rescate nos remolcó a la orilla y acabó la pesadilla.
La siguiente sesión de kayac me lo planteé como un reto personal, observé desde la orilla a los compañeros que ahora ya iban en los k2, en mi caso nadie quería compartir barca conmigo, desconozco las razones … (tupido velo), los miraba y me concentraba en entender los movimientos, el ritmo, la fuerza, como decidían ir a un lugar y parecía que iban, los observaba definir líneas perfectas en la superficie del agua y me fui haciendo una composición mental de cómo podría lograr que aquella cosa fuera recta, sólo un poco, no pedía más.
La monitora me dio un kayac y se fue a atender a otro de los tres ‘penco-kayistas’, de los que yo formaba parte honorífica. Miré la embarcación, tragué saliva, me sequé las palmas de las manos y le dije en voz bajita: ‘so cabrona, hoy vas a ir por donde yo mande, no por donde tú quieras’, y me subí a ella, dominándola, empujé con el remo, y sorprendentemente fui bien!!, iba en línea, mmm, bueno, más o menos recta, porque si la remada de derecha había sido muy fuerte, entonces remaba dos golpes en la izquierda para compensar, lo que me obligaba a dar otros dos de derecha, que al final eran tres porque me había torcido, así que de nuevo tres de izquierda, creo que llegué a contar hasta cinco de cada lado… pero era un principio, y como tozudez no me falta, en un rato, de contar, y sudar estaba en el centro mismo del pantano, y aunque no logré llegar a la otra orilla ese día, la proeza de encontrarme en el centro mismo de ese lago hizo que gritara de pura alegría, elevé los brazos, pero me detuve, me picaban los muslos y las piernas de una manera increíble, aunque me rascaba aquello me ardía cada vez más y fui consciente, además, de un dolor extraño en la cadera… miré a todas partes, me hacía daño el kayac y me picaba todo como si tuviera mil pulgas jugando al futbol en mis piernas!!, podría haber engordado en unas escasas 24 horas?? Tenía un ataque de alergia?? Se habían montado conmigo todos los mosquitos del pantano desesperados de hambre?, hum, no, no creo.
Pero, qué me estaba pasando?, entonces miré atentamente la embarcación, observé aquella cosa mientras notaba que me ardía la piel… en aquel momento caí en la cuenta y quise desaparecer en un maremoto pantanoso de esos que nunca se han producido. Me había puesto el kayac al revés!!!, lo de atrás delante!!, la proa donde debía ir la popa y viceversa, y no me había dado cuenta, sí soy bastante torpe y el despiste me posee con frecuencia, ya queda claro, no? y aquel picor eran miles de partículas de la fibra de vidrio que se me habían clavado en la piel y me picaban para morir, porque estaba metiendo las piernas en el lugar inapropiado.
La zodiac me rescató tras una hora de nadar arrastrando el kayac que de nuevo me había vencido y dejado las piernas hechas unos zorros.


(tu bi contiunied)
;P

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