miércoles, 13 de octubre de 2010

Rememberes: experiencias piragüeras II

Definitivamente parecía que el piragüismo entrañaba una dificultad insuperable, y se me resistía con todas sus fuerzas...

Abandoné la práctica del kayac durante un par de días, el primer día aduje un dolor de barriga insoportable y el segundo me busqué un lío para quedarme en la cocina ayudando voluntariamente (aunque oficialmente cumplía un castigo), y llegó el final del curso, que se clausuraba con una magnífica carrera de kayacs que partía del centro del pantano y debía alcanzar la orilla donde estaban los embarcaderos y el público que esperaríamos animando a los compañeros.

Fui a ver las listas de los competidores, y aluciné, mi nombre estaba allí apuntado!!, corrí a ver a la monitora, aquello no podía ser, yo no me había apuntado a eso!!, no había ninguna posibilidad de que ni en sueños lo hubiera hecho, porque recordaría tal pesadilla!, entonces, en mi desesperada búsqueda, me encontré con el director del campamento, que echándome un brazo por encima me dijo: “te hemos apuntado a la carrera de kayacs, porque nos reímos tanto viéndote que no podías dejar de participar!!” Y arrugando el hocico en una mueca de chulería con asco, dije: “ah, pues qué bien porque había ido precisamente a apuntarme y os habéis adelantado!! (antes muerta que sencilla… así me va!)”

La salida desde el centro del pantano requería llegar allí, era una especie de calentamiento, que a mí, me agotó. Llegué como si ya hubiera acabado la carrera de diez mil kilómetros, sudando y resollando, porque mientras mis compas daban un golpe de pala, yo daba cuatro. Y mientras ellos iban rectos, por algún secreto inconfesable e inaccesible para mí, yo me movía en una eterna espiral a modo de serpentina culébrica, es decir, recorriendo el triple de su distancia…

Las embarcaciones se dispusieron alineadas mirando a la orilla y yo me planté perpendicular a todas, y medio llorando pedí si era posible cambiar la dirección de la carrera porque me veía incapaz de situarme de forma paralela a mis compañeros. Amablemente me ayudaron con sus manos y remos y me colocaron en el centro mismo para que no me fuera culebreando antes de la salida. Y la zodiac allí cerca, capitaneada por la monitora que nos daba las últimas lecciones, a mí no me podía ayudar mucho, sólo si hubiera decidido cambiarme su plaza por la mía.

Fue entonces, cuando con ese torrente de voz, que yo tan bien conocía por sus intentos (desesperados) de aleccionarme, se puso de pie y soltó con determinación: Preparados, listos…. YA!!

Y como si fuera un disparo, como una bala que rompiera el cielo, la gente salió paleando como almas que llevaran los diablos más perversos.

Me empaparon y abrí los ojos cuando todos estaban bastantes metros adelante. Bien, respiré y comencé, de nuevo, a remar, efectivamente el kayac no tenía intención alguna de ir recto, y aunque me esforcé por mantener una cadencia equilibrada y ejercer la misma fuerza en cada remada, aquella nave inmunda no respondía a mis peticiones, y poco a poco me fui alejando de la meta para deslizarme en una parábola perfecta, que si te la propones nunca lograrías, hacia un destino indeterminado en la cola del pantano. Los de la zodiac habían partido a modo de liebres, y yo sufrí su oleaje, nada más, no había más ayuda, así que los remos, las mareas, si es que en los pantanos hay de eso, y aquella embarcación con vida propia, me llevaron a una isla que ocupaba la parte del pantano más allá del centro, o sea que, de nuevo, había ido en dirección contraria.

El agotamiento, la sed y la rabia me poseían, pero llegar a la isla fue un alivio, eso al menos me permitía vararme y descender del kayac, tumbarme al sol y experimentar la sensación robinsoniana, algún día me rescatarían, mientras tanto, algún Viernes podría darme conversación y siempre estaba la opción de quemar el kayac para calentarme… y en esa fantasía mía estaba cuando decidí tomar tierra, pero al sacar el pie, clavarlo en el fango caliente de la misma orilla, noté un dolor inhumano, fue una especie de laceración profunda indescriptible, grité como una rata y al sacar el pie me descubrí un corte considerable que destacaba en la capa de barro pegajoso, la sangre salía con abundancia. Nos habían advertido del peligro de los cristales de botellas rotas y olvidadas en las orillas, la obligatoriedad de llevar zapatillas no era un capricho, pero con el tema de la carrera yo me despisté (una vez más, y quien ha dicho que el despiste no pasa factura??), me mareé y color verde claro me dejé llevar por el kayac, a la deriva, despidiéndome de este mundo cruel.

La zodiac me recogió por enésima vez.

Nunca supe quien ganó la carrera, porque yo tenía mi propia competición que hacer, sólo sé que al llegar a la orilla la ovación fue increíble, además, constatar que llegaba con un corte sangrante en el pie, con una herida de guerra!! La apoteosis desatada!, me aclamaron tanto que los ganadores quedaron eclipsados. Recuerdo que me transportaban casi a hombros a la enfermería, triunfal. Hasta la antitetánica me mantuve en la nube del éxito, eso me bajó a la tierra.

Jamás conseguí llevar el kayac como lo hacían mis compañeros, es que ni por asomo logré pilotar aquello con dignidad, observar la maestría con la que mi hermana dominaba ese trozo de fibra de vidrio con forma me dejaron una huella mental difícil de borrar, desde la orilla, con el pie vendado, los observaba sin tener que buscar más excusas… y de vez en cuando echaba una ojeada al embarcadero haciéndole burla a las piraguas que se reían de mí.



De end.
;P

1 cosas dichas:

JuanRa Diablo
13 de octubre de 2010, 10:19

Anda, mochuelo, que me has hecho reír lo que no está escrito. XDD
Si te sirve de consuelo te diré que yo hubiera sido otro de esos Kayistas malayos que no habrían sabido enderezar la trayectoria ni con ayuda celestial.
Me ha recordado mucho a cuando hice snorkel en la riviera maya y me dejaban siempre atrás y sin capacidad de orientarme. Qué agonía. Nunca entendí por qué no me saían bien las cosas.

Pero qué más da, al fin y al cabo, la gloria se la llevan realmente los que son recordados. ¿Quién se acuerda hoy del ganador? En cambio a la patosa de las espirales que casi se muere... imposible olvidarla, jajajaja.

Saludos, con eses perfectas :D

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