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Para las personas que, de verdad, no saben concederse un minuto.

El mochuelo y el diablo

Iba el mochuelo volando torpemente por el bosque.
Digo torpemente porque para casi todo lo que tenía que ver con las cuestiones mecánico-físicas el mochuelo era torpe de solemnidad!!, (como todo buen mochuelo que se precie,) y allí estaba, el diablejo con el tridente en el suelo y la mirada en las musarañas, con un halo de tristeza en el fondo de esos ojos que siempre habían sido picarones, traviesos, con el rabo caído y las manos descansando sin ese nervio que las hacía rebeldes y ágiles. El mochuelo se posó en una rama, cerca de él, pero a la distancia prudencial; con un diablejo nunca se sabía, y además, como todo buen mochuelo, este era desconfiado y suspicaz:
-buenos días. -El diablo levantó la cabeza y enfiló al mochuelo - ¿Qué te pasa?
-Nada... -dejó caer las cejas tratando de mostrar una imagen dura y hostil- y a un pajarraco enano como tú... qué le importa?
-Pues para no pasarte nada tienes hasta el rojo desteñido, estás más hundido que el Titanic!, confiésalo, estás con el punto depre?
-Confesar?? depre?? un demonio del infierno ardiente??
-Puedes decir misa - el diablillo lo miró con muy mala cara, el mochuelo era torpe, lo he dicho, no? - pero sé que te pasa algo, otra cosa es que quieras contármelo.

El demonio hizo un ademán de levantarse, pero se giró en la piedra que había elegido de asiento, y frunció el labio, el mochuelo, se estiró las plumas, disimuló la espera y no se sorprendió cuando lo escuchó hablar:
-pues mira, sí,... debe ser la asquerosa primavera, me apaga!! -Una sonrisa de medio lado apareció tras la mirada amarilla del pájaro- No me siento con ganas de nada, todo me sale mal, tengo pensamientos positivos, quiero decir, que me apetece hacer el bien!, apagar la caldera, salir de la cueva y dejar escapar las almas!!, un desastre, además, el jefe me ha dado el ultimatum, o recupero mi ánimo de siempre o me pone en la calle, me entrega una túnica blanca y de dos coces me lanza al cielo!! y eso aún me deprime más, mucho más! te lo imaginas?, con el harpa esa dorada a juego con el pelo, de nube en nube... nada más de pensarlo se me eriza la crin!
El mochuelo estaba acicalándose las plumas, haciendo como que no prestaba atención, pero no era así, dando una sacudida se estiró y comenzó a hablar:
-te regalo una historia.
-Una historia?
-Sí, un cuento, una leyenda, una fábula, una parábola, un relat...
-SÍIII, ya sé lo que es una historia!!!! Vale, que pesadilla con plumas!
-Pues escucha – Y aclarándose la vocecilla comenzó:
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total…
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por lo tanto, lo trataba como si fuera de la familia.
El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó.
Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. – el rey lo miró pasmado.- Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje; – el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey.-Pero no lo leas – le dijo – mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida, y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia adelante y no había ningún otro camino…
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”.
Mientras leía “ESTO TAMBIÉN PASARÁ” sintió que se cernía sobre él un gran silencio.
Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido.
Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes…, y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
- ¿ Qué quieres decir? – preguntó el rey -. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

- Escucha, – dijo el anciano – este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, habían desaparecido.
El rey pudo terminar de comprender el mensaje.
Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
- Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

El mochuelo miró al diablillo que se había girado para escuchar con atención la historia:
-Te la regalo, guárdala en el serrín ese bajo los cuernos, porque ahora tienes tu anillo.
El diablo lo miró con rabia, y con los labios apretados, agarró su tridente y se puso de pie:
-Qué tontería!!, menuda estupidez, no entiendo como piensas ayudarme así, además, no necesito nada, sólo he subido para llevarme carbón para las calderas y tentar a un par de almas, no me hagas perder más tiempo con estas tonterías!!
Y girando sobre sus talones le dio la espalda:
-Hum, ya veo que te vas recuperando… me parece que sí, que te ha valido. Que pases un buen día… oh, perdón que sea mejor un mal día!
Y riéndose elevó el vuelo, hizo un extraño giro y tuvo que esquivar un matorral con el que se arañó en la salida, poco espectacular, pero qué vamos a esperar de un mochuelo?
El diablejo miró al suelo y musitó inaudiblemente:
-Gracias pajarraco…
Y se le dibujó una sonrisa de perversión muy suya cuando inició su marcha.


;P
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Yo he venido a hablar de mi libro

Parafraseando a Paco Umbral, en el 96, inicio esta entrada, pero no hablaré de un libro de papel, sino de mi cybook, ese en el que paso horas y horas y que considero un verdadero avance de la tecnología.

El libro electrónico es, actualmente, un elemento que va dando sus pequeños pasos hasta ocupar su sitio, el que le corresponde; muchos los consideran aún un cachibache (uno más) de geeks y frikis, pero nada más lejos de la realidad. Desde que conocí la existencia de esta tecnología me preocupé por tener algo así en mis manos, estudié y remiré sin parar en webs y portales, no era fácil, en España aún no se había empezado a comercializar y sólo salía en la tv cuando hablaban de esas extrañas cosas que 'estaban por llegar', finalmente tuve clara mi decisión, que valoraba tres cosas principalmente:
Tamaño de la pantalla
Autonomía de la batería.
Peso y diseño.
Mi meditada reflexión me llevó al Cybook Gen3 de Bookeen. Es un dispositivo realmente ligero, comodísimo, y de un manejo enormemente fácil. Permite la lectura en muchos tipos de formatos distintos, y sobre todo la durabilidad de la batería es sorprendente, unos diez días, leyendo un par de horas cada día. No sólo me compré el libro, sino una funda y el cargador, porque de fábrica venía muy pelado. Aquí comentaré que tuve un gravísimo accidente, en uno de tantos resfriados delirantes de fiebre me dormí en la cama con mi libro, al despertar me apoyé en el codo y escuché un crack!... era la pantalla de mi Cybook, con una rotura descomunal, resultado: inservible. Así que me compré otro con mucha rabia (no es nada barato). Y tuve mucho más cuidado!!
Me lancé a incluirle libros, en principio lo hacía en pdf, pero no es la mejor manera de leer, porque si haces zoom, (cosa que cada día necesito más supongo que por el excesivo número de horas delante de pantallas) no se realiza el ajuste de línea, y debes andar yendo hacia delante y atrás en una lectura, lo que hace que sea incomodísimo y mareante, me decepcionó, pero aún así seguí en el empeño, hasta que alguien me descubrió un formato de lectura que permitía ese aumento de fuente con el correspondiente ajuste de línea!!, (gracias Ana), eso es lo que yo quería!!, es el formato prc. Sí, además ese formato me era muy familiar, lo había usado muchísimo en palm, con mi primera pda (que por supuesto aun conservo), y sé cómo pasar de un doc, o un pdf a prc, con un software gratuito: Mobipocket creator. Con este programa podemos hacernos nuestros propios libros legibles en un soporte como Cybook, además cuenta también con un lector para aquellos que aún no hayan dado el paso a la lectura digital en un libro, o sea que es un lector para usar en un ordenador. Creo que las personas piensan que un libro electrónico es como una pantalla pequeñita de ordenador... humm, eso es un ipad!!, un libro digital no emite luz, nada de nada, es como un papel, es decir, si no hay luz, olvídate de leer, la pantalla no es táctil, y además es en blanco y negro, como la mayoría de los libros. Como mi biblioteca es bastante amplia he decidio dejar mis títulos aquí para su descarga libre y gratuita. Ya están transformados en prc, pero también se encuentran en pdf. Espero que disfrutéis de ellos como yo lo hago.


Algunos títulos para inicar la biblioteca se pueden encontrar en esta entrada que se irá actualizando periódicamente

;P


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Biblioteca digital

Los títulos reúnen libros clásicos y actuales.


Dentro del enlace hay una carpeta comprimida con el archivo en pdf o doc y el prc, este es el que deberemos meter en nuestro Cybook para leer.

  • Noah Gordon: La bodega
  • Stieg Larsson: Millenium 1
  • Stieg Larsson: Millenium 2
  • Stieg Larsson: Millenium 3
  • Saint-Exupery: El Principito
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Rememberes: la azarosa vida de investigación de las anguilas, sus extrañezas, reflexiones sobre su origen y acontecimientos relativos a su manejo.

Anguila: Pez teleósteo, fisóstomo, sin aletas abdominales, de cuerpo largo, cilíndrico, y que llega a medir un metro. Su carne es comestible. Vive en los ríos, pero cuando sus órganos sexuales llegan a la plenitud de su desarrollo, desciende por los ríos y entra en el mar para efectuar su reproducción en determinado lugar del océano Atlántico (?¿?). Mi propia definición: cosa, que parece un pez y acaba siendo una culebra babosa, que debió ser dejada en la tierra por los marcianos como prueba irrefutable de su presencia.


Creo que corrían los finales de los noventa cuando me embarcaron (sin muchas vueltas), en el equipo de investigación de las anguilas, realmente mi papel era el de dedicarme a las labores no cualificadas de la investigación e ir aprendiendo: esto es, sin tanta finura: limpiar los tanques, lavar utensilios, estar pendiente de hornos y estufas, mezclar, agitar y ser responsable (y culpable) de todas las calamidades técnicas que ocurrieran, he descrito la vida de un investigador en ciernes. La investigación era sobre las anguilas, hábitos, alimentación, piensos, crianza en acuicultivos. La llegada de estos seres fue un acontecimiento memorable, se depositaron en su tanque, acondicionado para su estancia, todos nos aproximamos a ver aquellas culebras (porque eso eran, serpientes culebreras con cuerpo sin escamas), yo me quedé en un segundo plano, mientras profesores-investigadores del departamento, alumnos de mayor rango y el señor cátedro, se amontonaban alrededor del cristal, y yo, triste escobilla del baño, no podía ni verlas de cerca (claro que ya me cansaría de tenerlas muy próximas), fue en ese momento, cuando la eminencia departamental (o sea el catedrático) dijo apartándose del borde del tanque:
-Uff!!, son eléctricas?
Nos miramos todos, alguien le contestó:
-No Manolo, no, estas son de ahí, de Valencia, no son eléctricas.
Y volvimos a verlas, tan fantásticas ellas, recorriendo la superficie del agua como si patinaran… cuando el señor catedrático volvió a preguntar apartándose del tanque y frotándose la mano:
-Jooo!!... de verdad no son eléctricas?
De nuevo miradas de confusión, algunas para mí que nada tenía ni que decir, ni que hacer:
-No, Manolo, son normalitas, de estas de ahí de la albufera de Valencia, las eléctricas son sudamericanas, estas…
Y diciendo aquello se aproxima a Manolo, que se le cambia el semblante, se agarra a este profesor y ambos gritan en un milisegundo con el pelo de punta. Sí señores, el tanque estaba comunicado, un cable que alimentaba la luz y filtros emitía corriente por el borde metálico, en el que el catedrático apoyaba sus manitas y recibía unos voltios nada recomendables. Y ya empezamos a pensar que aquellos animalillos habían entrado con mal pie.

Pero la sospechas se confirmaron día a día. Nada más llegar al laboratorio, mi primera misión consistía en recoger las anguilas, haya donde se encontraran, siempre fuera del tanque de agua, cómo se salían?, lo desconozco, si en aquella época hubiera dispuesto de un sistema de videovigilancia lo habría usado con ellas, pero era todo un misterio, estaban siempre por los rincones, bajo las mesas, enrolladas a las patas de las sillas, llenas de pelusas, su papel de mopas era indiscutible, yo me ponía unos guantes de esos rosas de fregar, con los que no se resbalaban, porque nada más cogerlas se metían por las mangas (aunque estuvieran abrochadas) y pasaban al interior de tu ropa… interior. Las lavaba bajo el grifo, estaban rebozadas en polvo, papelillos, pelusas y las volvía a depositar en el tanque. Les regañaba, pero no parecía causarles impresión alguna. La primera dificultad se planteó en su medida, queríamos medir su longitud, para iniciar la investigación y partir de datos!!, pero cuando las cogías, como he explicado, se deslizaban rápidamente a esos sitios en los que no te apetece tener un ser vivo, aun menos baboso y frío. Nos solíamos retorcer más que ellas cuando éramos poseídos… no había manera de dejarlas en la mesa, estirar un metro y decir la medida. Entonces se nos ocurrió someterlas a todo tipo de cosas… y averiguamos cómo lograrlo, para eso creamos una pequeña cubeta alargada con dos electrodos en los extremos, al soltar la anguila en esta cubeta, conectábamos el interruptor, y mientras eran electrocutadas se mantenían como una vara, las medíamos, desconectábamos y de nuevo las regresábamos a su tanque, sencillo, no? Creo que no sufrían, o aparentemente no parecía que les afectara, ni eso, ni nada!!, para algunos que ahora mismo estén pensando en el mal que les causábamos a las anguilas, contaré que su sangre, roja, es un líquido viscoso, que si te cae en la piel te la levanta, no es como una gota de ácido, no, pero recuerda mucho a aquella película… ah, sí, Alien!, realizan una migración en profundidad que aún no se conoce al detalle, pasan del agua dulce a la salada, con el cambio metabólico que eso supone, como si no fuera con ellas, y su adaptación a estar fuera del agua te hace pensar que son realmente animales de otro planeta. Y lo son.
Una de las pruebas consistía en averiguar su resistencia al ayuno. Metimos cien anguilas, no sin trabajo, en un tanque sellado, antes de eso se pesaron, todas, en una balanza de estas de pescadería, en seis pesadas, para tener un error mínimo. Estuvieron en el tanque, sellado, sin alimentación alguna unos 80 días. Tras eso, las sacamos, con el mismo o más trabajo que las habíamos metido, las pesamos, pesaban más, respuesta lógica: se han comido unos ejemplares a otros. Mochuelo: cuéntalas.
Y allí estaba yo, una tras otra, y llegaba al final: 100.
No puede ser, pesamos de nuevo, pesan más, repite, y así se hacía, ahora con ayuda, porque no era posible, y allí estaba: 100!! Cómo era posible? Cómo??, quien había alimentado a las anguilas para joder los resultados?? Quien??.
Nadie respondió, en lugar de eso se escuchaban las risillas de aquellos bichos alienígenas.

Y llegó el día, el día del final de toooodos los experimentos, que habían sido muchos y muy diversos, desde radiación hasta ataques de bacterias y otras lindezas. Los animales de laboratorio suelen ser sacrificados al final de los experimentos, por varias razones, entre otras porque pueden ser focos peligrosos para otros seres vivos, porque pueden portar patógenos serios, y porque sus órganos suelen ser analizados como final de investigación y para eso hay que sacrificarlos, una anguila no te escupe el hígado por mucho que se lo pidas con dulzura.
Con peces, trabajo para el cuál teníamos más tablas y conocimientos, basta con poner anestésico líquido en el tanque y dejar que pasen a un profundo sueño, del que ya no despiertan. La muerte no es agradable para nadie, pero puestos a elegir, creo que esta es la manera menos traumática, los investigadores no disfrutamos con esto y nos preocupamos, aunque muchos no lo crean, de hacerlo lo mejor que podemos y de evitar cualquier sufrimiento.
Era una mañana de viernes, temprano, me puse la bata y deposité medio bote de anestésico en el tanque. Me fui a preparar los útiles de disección, bolsas, guantes… y lancé una mirada al tanque, las anguilas navegaban como locas con sus cabezas fueras, tipo monstruo de lago Ness, volví a su lado y empujaba las cabezas de las anguilas al interior del agua, salían mientras yo las empujaba y les rogaba que se metieran DENTRO del agua, su medio natural, o eso decían los libros. Eché más anestesia, seguí empujándolas, insistí mucho tiempo, hasta que noté como los vapores que el agua soltaba me mareaban… demasiada anestesia. Entonces había que pasar a métodos más contundentes, pero que nos dejaran los órganos intactos para su análisis, de descarta el uso de bazookas o incineración… Si alguna vez hemos tenido que sacrificar un pez, y no hemos contado con la anestesia, pues no lo dejamos boqueando sobre la mesa, eso es terrible y extremadamente cruel, lo normal es darle un golpe seco en el borde de la mesa y todo acaba deprisa. También así sacrifican los conejos muchas abuelas de pueblo. Pero cómo se atrapa una anguila en tu mano, la golpeas y no te dejas los nudillos cuando ella ya está metida en tu ombligo o zonas más sureñas?? Lo intentamos, muchas veces, muchísimas, no hubo ni una sola baja en sus filas, mientras nuestras manos estaban en peores condiciones. Las metimos en una bolsa sellada, varias horas. Regresamos, seguían tan campantes. Golpeamos la bolsa, sin resultados. A las dos de la tarde del viernes no habíamos conseguido sacrificar ni una sola, ni una!!, la compañera estaba con las lágrimas a flor de párpado, como tantas veces en esa investigación del demonio que nos iba a dejar una huella indeleble a todo el equipo. Entonces se le iluminó la cara, las metió en bolsas de nuevo, cosa que nos costó una hora, y las depositó en el congelador.
-El lunes será el gran día.
Y con una sonrisa nos fuimos de fin de semana, sin anguilas, o sea, un fin de semana feliz.

El lunes llegué con la mala cara normal de ‘lunesalasochodelamañanaquelemundoenteromedejenepaz’, bajé a los sótanos, o catacumbas de investigación de mi facultad, cogí mi bata, y mientras me abotonaba pensé que debía ir sacando las bolsas para que se fueran descongelando y así podríamos diseccionar en unas horas, porque eran piedras. Así lo hice, al mismo tiempo, decidí avanzar algo con temas de estadística y preparar la lista de materiales que necesitaríamos los próximos días para las técnicas que teníamos que hacer. Me fui a la cafetería, una coca cola, sí, como siempre, me acerqué por alguna clase y a las cuatro o cinco horas volví al laboratorio para empezar a diseccionar. La compañera investigadora estaba en la entrada, me dijo si lo había preparado todo, sí, claro.
Entramos y nos acercamos a las mesas, las bolsas, estaban allí, pero se movían. Se movían con sus serpientes babosas en su interior, con las asqeurosas hijas de puta de las anguilas, de fiesta, bailando al conga y haciéndonos cortes de manga: estaban allí.

Vivas.

Creo que me senté, con la mirada abatida al horizonte. La compañera estaba intentando respirar de nuevo, la impresión la tenía paralizadilla, no sé si alguna conseguimos articular algo con sentido, nos recuperamos. Recogimos las bolsas, volvieron al congelador, recuerdo que maldecíamos mientras las enterrábamos en las profundidades gélidas, yo sólo pensaba, o se mueren o nos matan.

Final: pues sí, se murieron, estuvieron diez días en congelador, murieron en algún momento, no se muy bien si pocos minutos antes de su salida del polo Norte, los resultados de aquella tesis eran para llorar, tan absolutamente increíbles que muchas más tesis tendrían que hacerse para conseguir saber algo en serio de estos animales, seres que son de Marte, o de Urano, pero de aquí, NO! de aquí NO!!


;P


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