viernes, 10 de febrero de 2012

Remémberes: los inicios tecnológicos de un mochuelo

Todo final tiene un principio, claro. Y, aunque no creo que haya llegado al final de nada, recuerdo el principio de mis pasos en el mundo de las tecnologías y me produce una sonrisa.

Me remontaré al momento en el que decidí que quería saber cómo funcionaba mi primer objeto tecnológico de entidad, no era mío, y eso fue lo peor.
 Se trataba del juego 'Hundir la flota por computador'.
El juego era un regalo que había recibido mi hermana, y me cautivaba saber cómo funcionaba, así que, usando uno de mis juguetes preferidos, un destornillador (lo guardaba como un tesoro, era amarillo y como era plano valía también para tornillos de estrella, ideal), lo desmonté absolutamente.
No sé muy bien lo que esperaba encontrar, pero no fue lo que esperaba, y el juego no volvió a funcionar correctamente jamás, aun hoy siento que ocurriera, pero todos hemos empezado tropezando.
Mis errores, como los de todos los mortales se repitieron, esta vez me empeñé en saber cómo funcionaban las cosas eléctricas y electrónicas, creo que no había un enchufe, un portalámparas o un interruptor, de mi casa, que no hubieran pasado por mi destornillador. Recuerdo que me atreví a ver las entrañas del reproductor de video VHS, pero sólo lo estuve mirando mientras contenía la respiración, aquello me pareció fascinante, y lo mejor, es que funcionó perfectamente tras mi apertura inspeccionadora. Entonces me obsesioné con tener un ordenador.
Era muy joven, tendría unos 9 años, pero yo no he sido nunca muy normal, así que la edad no era significativa. Todo empezó cuando mi primo Jorge, vino, como todos los veranos, de Suiza, a pasar la estación estival con la familia española, y yo pasaba todo el tiempo con él, porque nos divertíamos y para mí era como un hermano mayor muy próximo, con el que aprendía muchas cosas. El asunto es que vino ese verano con un ordenador!!, un Commodore 64 de discos de 5 y cuarto. Parece que aún estoy viéndolo en casa de su abuela materna (que no era la abuela común, pero que yo la quería como si lo fuese, querida Concha también te echo de menos), donde nos sentábamos delante de aquella pantalla en colores muertos y sonido de lata, pero que era realmente la cosa más apasionante y genial que había, y en manos de dos críos con ganas de aprender y de sacarle partido. Y jugábamos a juegos, y yo tocaba ese teclado y recorría con mis manos la colección de discos de Jorge. Y él me dejaba participar de aquella joya tecnológica sin problema alguno, porque para un chico como él (educado en Suiza y más guiri que español), imagino, tener un ordenador sería lo más normal del mundo y estaría más habituado que yo, que era mi primer contacto, casi diría que con el objeto más avanzado que haya podido encontrarme. Y mi obsesión se inició. Y supe que tendría que tener un ordenador YA!
Jorge regresó a Vevey, y yo recuperé la anódina rutina sin ordenador y ya sin playa porque el verano concluyó, es decir, un asco. Y acompañando, un día, a mi madre al super, ya debía ser invierno, descubrí que había una novedad espectacular en ese pasillo donde estaban los productos de limpieza y después estaban los artículos de papelería, no hay cosa que más me guste que la sección de papelería de un supermercado, en serio, es el olor, los colores, el material escolar, no sé, en realidad debe haber algo que me atrae de esa sección poderosamente, pero en fin, que me desvío, que allí estaba, en un estante, como un artículo de lujo, inalcanzable, un ordenador personal que se llamaba Amstrad CPC 464. Así, del tirón, y yo memoricé ese nombre como si me fuera la vida en ello, y cogí la manga del jersey de mi madre y le dije:
—Mamá... quiero ese ordenador.
—¿tú? y ¿para qué?
—Porque lo quiero, porque es importante, yo creo que me vendría bien, y lo cuidaría mucho.
—Bueno, si sacas buenas notas te lo regalaré
Y sonreí, mamá, estás perdida, ve ahorrando, porque ese ordenador Amstrad CPC 464 va a ser mío.
........................
Fueron todo sobresalientes menos un notable alto. Y no fueron más altas las notas porque no había más notas que poner, y no es que a mí me interesaran en exceso las cosas que había que aprender en clase, os aseguro que no, me han resbalado bastante las cosas del colegio, del instituto, de la universidad, y de todo lo que me ha tocado estudiar, jajaja (en realidad no soy de última hora, soy de último segundo y debo reconocer que no he dado nunca jamás todo mi potencial, sino una migaja con la que salir del paso), un día hablaré de mi relación con la enseñanza y mi mundo particular y de las personas que no son iguales y de lo complicado que es un mundo diferente... pero otro día. Ahora hablaré de mi éxito, porque lo había conseguido, claro, había un objetivo, una motivación, un Amstrad CPC 464. Que efectivamente mi madre me compró.
Creo que la noche anterior a que lo trajeran a casa desde el supermercado no dormí. Vivo las cosas con intensidad.
Mi Amstrad no tenía disco, era de cassetes!!, sí, esos cassetes como de la música, cintas de música, sí, que se debían cargar, pasaban su hora u hora y media con unos pitidos: piiiiii, piiii, ggggrrrrriiiii, piiiiiiiiiiii, y después se cargaba tu programa, normalmente juegos, y lo curioso es que podiamos grabarnos nuestros juegos con un equipo de música bueno y en cintas vacías o que borrábamos. No os imaginais lo que es grabar un juego en una cinta de tu padre de Víctor Manuel y que luego diga: 'sabe alguien donde está la cinta que yo tenía en el coche?' y tú lo nigues todo y vayas a la velocidad de la luz a arrancar la etiqueta de la cinta que ahora ya no contiene 'el abuelo fue picador' sino el último juego para el Amstrad: Monti Mole. El ordenador, que es como el de la foto, tenía una pantalla de fósforo verde, esto es, se ve el fondo de un verde oscuro y las letras de un verde brillante, y ahí nos dejábamos los ojos. Me empeñé en hacer mi propio programa, y después de muchas tardes en las que ponía a mi hermana a dictarme extraños códigos numerados de diez en diez, pudimos ver nuestra obra, una pelota que era un cuadrado que se movía hasta detenerse en una raqueta que era como una I mayúscula. Aunque parezca desolador, fue un triunfo descubrir que un conjunto de extraños códigos, una vez procesados, hacían eso!! Hoy puedo saber que estábamos escribiendo lenguaje basic y que intentábamos compilar un programa, pero que también teníamos diez años y aquello debía ser como pisar la luna.
Aprendí, jugué y descubrí cosas que me intrigaban cada vez más. Un mundo entero que se abría cada día y me mostraba más preguntas.
Mi siguiente contacto tecnológico más avanzado, fue en una asociación juvenil en la que estaba desde los 12 años. Éramos un grupo de chicos, muy jóvenes, cargados de ilusión, sueños y con ganas de cambiar el mundo, me queda mucho de eso y no hay mejor experiencia que la de ser parte de algo que depende de tu trabajo y esfuerzo para funcionar. No hay vínculos más fuertes con las personas, ni maneras más didácticas que las de ser y querer mejorar para aprender. Gracias JOC-A.
Bien, el asunto es que un día conseguimos una subvención para la oficina de información juvenil que nos curramos, éramos tan jóvenes que no podíamos ni solicitar la subvención, pero había personas mayores que nos ayudaban y nos dejaron tropezar lo suficiente para aprender (gracias Manolo y Pili y Maria y mucha gente más). Yo me recuerdo con el pelo de colores, las orejas ya plagadas de piercings, y con cierta anarquía para vestir y peinarme, pero con la capacidad para escribir un proyecto y conseguir que lo aprobaran. Al lado estoy viendo a mi colega, con la cara plagada de pecas, el pelo casi más alborotado que yo, los ojos felinos y la sonrisa eterna. Y alucinando, intentando descifrar si realmente nos habían dado las pelas, como así fue. Y la primera compra fue un ordenador, con Windows 3.11: trabajo en grupo. GUAU!!
Aquello fue una evolución tan grande, un salto cualitativo tan gigante que nos costó mucho hacernos con las riendas de un equipo que tenía casi 40 megas de espacio en disco de memoria. Un giga es 1000 megas, para que os hagáis una idea, hablo de un ordenador que podría tener el tamaño (desorbitante) en disco de  lo que tiene la cámara de fotos actual más pésima. Pero era lo más potente y actual de esa época. Venía con todo un programa de procesamiento de textos, ese concepto ya me fascinaba, que se llamaba WordPerfect, y abría una pantalla de arranque que se iba eliminando de línea en línea, y que mostraba una mano con una pluma escribiendo, toda una maravilla del diseño. Después había que conocer un intrincado número de atajos de teclado, que en combinación permitían desde guardar hasta imprimir, ya que no había ratón, mantuvimos una reunión donde, como miembro insigne en conocimientos tecnológicos, se me tuvo muy en cuenta, debía decidir si adquiríamos un ratón o no. Mi defensa firme ante ese aparato inservible me encantaría tenerla grabada en video para verla y partirme de risa. Como conclusión: no compramos el ratón (para qué sirve eso??) y como todo el mundo, tenimos una tira de papel pegada sobre el teclado donde se descrifraban las intrincadas combinaciones de las teclas de función, el CTRL, el ALT y mil cosas más para sacarle todo el partido a aquella maravilla.

Por mi parte avancé con una nueva adquisición, gané un concurso de cuentos y el premio en metálico se materializó en un nuevo ordenador que ya llevaba Windows 95. Yo tenía ya 17 años, porque recuerdo que llevaba, en mi moto, a la tienda, mi ordenador y le explicaba al señor que mi querida pieza teconológica, no encendía y aquel gurú (o eso me lo parecía a mí) me hablaba de formateos, de fuentes de alimentación, de hardware y de interfaces... y yo esperaba que todo aquello no fuera muy caro. Ahora me entra la risa, porque creo que he vivido esa experiencia a la inversa muchos años después, cuando me dedico a atender a esas caras desesperadas y yo les debo hablar con esa misma terminología que escupimos sin ser ni conscientes. El caso es que me compré una impresora llamada Epson Quiet,
en color!!, eso era tal avance, que aun hoy lo recuerdo y se me mueve el alma. Aunque aun debía imprimir en ese papel continuo que debes después separar con paciencia,  y que acaba rompiéndose siempre. La Epson anunciaba en su primera página: Felicidades, ha adquirido usted la impresora más silenciosa del mercado. 
Una noche le comenté a mi madre que debía imprimir un trabajo para clase, trabajo que llevaba escribiendo días. Mi madre, viendo la tv, me dijo, que claro, que sí,  y olvidó el asunto. Hasta que a los minutos irrumpió en mi habitación diciendo:
—Pero qué estás haciendo?, qué es ese ruido de rata aplastada??
Y ciertamente, la Epson Quiet sonaba como cuando se mata un cerdo, o se atropella un gato.
—Pues imprimiendo en la impresora más silenciosa del mercado... 
—Pues cómo será una normal?
Se preguntó mi madre mientras yo le asestaba el golpe final:
—Pues mamá, yo ya no puedo detenerla, el trabajo está en marcha y hasta que no acabe de imprimir no la puedo parar.
—Y es muy largo
—Unas cien páginas...


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Ya rondaría la veintena cuando, una mañana legañosa me detuve en el tablón de anuncios del Departamento de Fisiología Animal y Ecología de mi facultad de Ciencias, con el cargo de alumna interna del departamento debía ir a hacer mil cosas en el laboratorio y, como era habitual, llegaba tarde y con la almohada puesta. Pero me detuve a ver las notas que mi jefe, el profe de fisio animal, había colgado, y me quedé mirando un enorme error en el pie de aquella página. Mi querido jefe, del que aprendí muchas cosas, entre otras a reír y saberme con un nivel de despiste inferior al suyo, pero también aprendí a ser eficiente, sacándole a los días 27 horas cuando venían con 20..., y descubrí que un docente puede ser bueno con recursos limitadísimos, pero con ganas e ilusión.
Cuando me crucé al pamplinas con barba (término cariñoso que mi jefe se ganó a pulso y que no le nombraba nunca, a riesgo de recibir una colleja) tardé 0,2 en espetarle el error:
—Oye, Gabriel, has puesto algo rarísimo y erróneo en la hoja que has colgado del tablón, estás con el despiste— Me miró con ojos de sorpresa—. Sí, en el pie de página, un símbolo rarísimo que se te ha debido ir con los dedos. Ya te vale que no aprendas a escribir a máquina.
Me cogió del cuello y me dijo que le enseñara de qué hablaba, nos plantamos en el tablón y le señalé dicho símbolo, me miró, con una expresión entre pena y sorpresa y me dijo en voz baja y en confianza:
—Eso es una arroba, eso que ves es mi correo electrónico, y tú mañana te vienes a tu hora que te voy a enseñar a navegar por internet y te haré un correo electrónico
NAVEGAR por INTERNET!!, se me debió quedar la cara esa mía de ojiplática:
—Pero... Gabriel... me debo traer... bañador? yo sé nadar bastante bien, pero para navegar no sé si estoy yo ya con el nivel.
—Te voy a dar yo bañador... anda tira y estudia que tienes el examen en dos días.
Me dejó allí, en el rinconcillo de la escoba del baño que yo llamaba 'mi despacho' y que me resultaba un sitio importante, rumiando que yo no hablaba en broma, y que lo del bañador podría sonar extraño, pero es que no sabía nada de nada de lo que me hablaba. Ahora me imagino que es como si me plantara en medio de la selva y le dijera a un nativo que no ha visto más que monos y selva, que le voy a enseñar a hacer el cubo de Rubik, le parecerá fascinante, pero posiblemente poco útil en su vida.
Y es que nadie sabía por aquel entonces (hablo de hace unos 17 años) la revolución que estaba por venir.
 Gabriel me enseñó a navegar al día siguiente, me plantó a su lado a mirar cómo se cargaba el navegador: NetScape, a mí ya el nombre me seducía, mientras manejaba el ratón en una página en blanco que tardaba una eternidad misma en cargarse, y eso que aquí, en la Facultad, ya tenemos RDSI, me dijo de manera muy intrigante. Pero es que el servidor está muy cargado y mientras que se completa la caché hay que esperar. Servidor, RDSI, caché!! otro gurú!.
Mi primer correo me lo hizo mi jefe de departamento, las primeras webs que visioné fueron buscadores como Altavista y Ozú. Google no existía, mis primeros pasos fueron tropiezos con personas que habían alcanzado el sumum de conocimientos y yo me sentía cada vez con más preguntas. Y era muy ridículo plantearles cuestiones, porque no tenía ni los términos para hacérselas.
Aunque diré que no me ha dado vergüenza jamás preguntar, es algo que no puedo evitar, me superan las ganas de aprender, y puedo hacer el ridículo más espantoso, pero mi deseo incontenible me empuja a hacer preguntas. Y la gente siempre ha sido amable conmigo


Posteriormente tuve la ocasión de disponer de un ordenador con mi propia conexión a Internet, en el pueblo seríamos tres locos los que contábamos con tal avance. Y me decidí a invertir tamaño avance en la creación de una web, y no sabía nada de nada de nada de HTML, ni de códigos. Mi primera web fue para el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, amigofelix.subdominio.com, de la que no queda resto en la red, y que me apena no tener para mostrar mis primeras cosas, como el que enseña sus primeros trazos escritos. Con todos los avances de ese momento, que eran de risa si pensamos en lo que tenemos hoy, y yo, sin tener ni idea de nada en absoluto, pero con la decisión inquebrantable de lograrlo. Los pacientes gurús que me respondían fueron siempre mi referencia en el camino que, en muchos casos, era una pendiente casi vertical!. He de decir que mi pareja me apoyó siempre, sólo flaqueó el día que me descubrió con el destornillador en la mano (sí, sigo teniéndolo como uno de mis juguete preferidos, tengo muchos ahora!) y todo el ordenador desmontado. Y se echó las manos a la cabeza diciendo que aquello no tendría arreglo.
Lo tuvo, me diseñé un ordenador con piezas metálicas de estantería y creo que he sido la primera persona de este país en hacer modding, desgraciadamente no dispongo de fotos de ese equipo. La refrigeración líquida la conocí de la mano de un compañero de clase, actualmente profesor, mi querido Antoñito Hardware, este sobrenombre se lo impusimos por envidia, claro, porque nos restregó en las narices sus tubos de líquido y su máquina silenciosa, mientras que nosotros andábamos aún en la era del ventilador.

Mi paso por clase me enseñó mucho, la verdad es que me enseñó particularmente lo que NO me gusta, y avancé, como siempre, a mi manera, en lo que me apasiona. Sin todas esas personas que respondieron, que confiaron, que me dejaron seguir preguntando, en las que me permitieron tocar y probar, sin ellas no lo habría logrado.
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En la actualidad, creo, que muchos me ven como uno de esos gurús que yo, aun hoy, tengo idolatrados. He de decir que sigo tropezando cada día con la tecnología, y que mis empeños por aprender me han empujado a pasar muchas noches y noches investigando, preguntando y leyendo. Encontrándome siempre con personas, que como yo, están llenas de ganas de aprender y que me han respondido amabilísimamente animándome a avanzar y a encontrar el camino que a veces hay que trazar muchas veces. Es decir, mis títulos que me acreditan sobradamente, pero, no son nada sin las ganas, el empeño y la decisión. Y que todo final tiene un principio, que al recordarlo nos parece que fuera imposible que lo protagonizáramos nosotros, pero que así fue. Y un día te toca navegar... sin bañador!!

;P

5 cosas dichas:

ALGA
11 de febrero de 2012, 18:15

jejjeje arroba??!!! internet???!!!

Anónimo dijo...
14 de febrero de 2012, 17:58

Me ha encantado tu post. A mí también me apasiona la tecnología con sus increíbles ventajas. No soy tan empollona como tú, no me interesa su interior sino sus aplicaciones, al principio en el trabajo y posteriormente, prácticamente para todo. Móviles, ya no, perdón, smartphones; INTERNET, la gran estrella, donde lo hago prácticamente todo; ereaders, ya pasé la etapa de los libros de papel y estoy más que encantada; las aplicaciones de iPad para mi hijo con discapacidad, es maravilloso y un sinfín de cosas que nos hacen realmente la vida mucho más cómoda. Aunque tengo ya mis añitos, soy una acérrima defensora de todos estos avances, y comprendo perfectamente a la juventud de hoy en día que se pasa el día chateando desde su móvil con sus amigos, qué maravilla!!!! Nosotros no podíamos y aunque vivíamos igual, no era lo mismo. Amigas mías e incluso familiares se quejan de que no hablan, solo chatean y entonces les digo: No hablan???? Lo hacen más que nunca, quizás tú no tengas algo interesante que decirles o no tengas o no sepas utilizar esta tecnología para comunicarte con ellos.
Gracias a personas como tú, los demás hemos mejorado nuestras vidas. Un ejemplo: cajero electrónico, Skype, redes sociales....
Me ha encantado realmente tu post.
Un abrazo

Crisanfer

JuanRa Diablo
16 de febrero de 2012, 18:07

¡Rememberes totaal! Ha sido como leer un prólogo de tus Memorias informáticas. :D

Madre mía, cada vez me doy más cuenta de lo en la inopia que estuve con aquel: "¿Pero tú serías capaz...?"
Y cómo no, si naciste con un destornillador en la mano! xDD

Me he reido mucho con ese "enterramiento" del abuelo de Victor Manuel. Si había que sacrificarlo por el bien de la sabiduría, se hacía, ¿no? xD

Es curioso que yo haya pasado también por todas aquella etapas y no sea capaz hoy de apreciar la evolución de este mundillo, por ser otras mis inclinaciones, pero al leer eso de Altavista y Ozú he exclamado: ¡Ostras, es verdad, qué antiguo aquello, cómo me acuerdo!

Y me acuerdo del primer ordenador que toqueteé. Lo compró mi padre para el videoclub que teníamos (años 80) Era algo enorme, y hubo un informático que se tiró semanas pasando datos para que pudiéramos trabajar con él.

En fin, que me ha encantado este paseo en el tiempo.

Un abrazo, mochuelo gurú

Mariano Estrada
24 de febrero de 2012, 21:20

Fantástica evolución tecnológica la tuya, Eli. Yo supe de ella cuando ya llevabas 15 años con el destornillador. En el año 2001 me hiciste 2 páginas web, una de las cuales perdura. Se llama Paisajes Literarios.
Por entonces ya te habías licenciado en biología por la universidad de Granada. Y ya habías creado aquella magnífica página sobre tu admirado Félix Rodríguez de La Fuente y dibujabas lobos y pájaros... Ahora eres licenciada también en informática y de aquellos dibujos han nacido otros muchos que han alcanzado la perfección y van a salir en una guía... Eres fantástica, Eli, enhorabuena.
Te mando un fuerte abrazo

Anónimo dijo...
29 de marzo de 2012, 15:32

Felicidades querida Amiga

Victoria Villanueva

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